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Voto para pasear por el Bulevar del Río

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María Alejandra Villamizar
02 de marzo de 2026 - 05:06 a. m.
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La señora * vive en un pueblito del departamento del Altántico y siempre le han comprado su voto. Ella sabe que cada vez que un político aparece en época electoral, la familia debe organizarse para recibir la plata que ofrecen. La vuelta es siempre igual. Los votos de su casa y los que se levanten entre los vecinos.

Lo que llega a su hogar el día electoral ha servido por años para aliviar alguna necesidad de tantas que tienen. Es como la prima que llega a aliviar las cargas.

El pago por los votos una vez sirvió para levantar una columna de cemento para elevar el tanque del agua, otra para pañetar el cuarto de arriba que se hizo cuando nació el niño de Julio, que fue padre a los 18. Y en el 2022 sirvió para ponerle concreto al andén de su casa para salir del polvero y asegurar la mesa del dominó que siempre estaba coja por los agujeros de piso de tierra. Para el marido y el abuelo fue un voto bien comprado.

Este año, han pensado que, aunque les faltan unos enchufes en la sala y quieren poner un tapete y dos lámparas, van a invertir la plata que reciban ahora en marzo en un paseo a Barranquilla en transporte privado a conocer a un nieto que tiene un mes de nacido, y de paso conocer el Bulevar del Río, que les han dicho que es muy bonito. Y como todavía les falta lo que les pagarán en mayo y junio podrán pensar en los detalles de la iluminación pendientes. Igual, dicen, viven con velas porque siempre se va la luz.

Serán 200.000 pesos por voto. Ella, que ya es líder, recibe 300.000. Esposo, hija y yerno suman 600. Hijo y compañero de trabajo que vive en su casa, agregan 400. La otra hija que no vive con ellos igual participa en la vaca, es madre soltera y tiene dos hijos mayores que aportan otros 600, pero de ésos toca la mitad porque los pelados de 20 y 22 quieren su parte. Y finalmente la abuela, que casi no puede caminar, ese día sí va hasta la mesa y con una comadre que la lleva a todas partes completan un total de 11 votos. 2.300.000 pesos. Cree la señora * que para el paseo a Barranquilla, el regalito para el nieto y el almuerzo para todos, con unas cervezas y ron, alcanza perfectamente y hasta sobra algún peso.

Esos votos sumados a los de los vecinos de la cuadra, del barrio, del pueblo, servirán para que el senador que se los compró quizá consiga seguir en el capitolio. Siendo su representante, tendrá como una de sus principales misiones recuperar toda la plata que invirtió en esa curul comprada, más los intereses que seguro estarán representados en tajaditas de contratos que ha prometido que llevarán al pueblo el pedazo del acueducto que falta, y el dique para el río que han empezado a construir cuatro veces y que siempre queda mal hecho. Ella sabe que eso pasa, por eso prefiere la plata en mano. Ella no va a ser amiga del senador.

Pero recuerda que una vez sí hubo un doctor que cumplió y les hizo una escuela y un polideportivo. A ese le recuerdan con cariño, en esa época el voto lo pagaban a 30.000 pesos. Imagínese, me dice, cómo pasa el tiempo.

Las elecciones para el Congreso son el próximo 8 de marzo.

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