El 9 de junio se movió el mundo político europeo. Los resultados electorales de las elecciones para el Parlamento Europeo plantean un gran interrogante en estos tiempos de incertidumbre global. El impacto ha sido grande, pues los líderes europeos están discutiendo en Bruselas en busca de un acuerdo en los puestos claves de las Instituciones de la Unión Europa.
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Si bien los resultados totales en el Parlamento Europeo siguen favoreciendo a los partidos proeuropeos, la centro derecha reforzó su mayoría y sigue controlando el Parlamento, y los partidos de extrema derecha, antieuropeos, avanzan y ganan terreno con relación al 2019. La centro izquierda y los partidos verdes perdieron espacio.
La lectura de estas elecciones en Alemania y Francia, pilares de la Unión Europea, es muy negativa y quedan muy débiles en el Consejo de Europa.
En Alemania los tres partidos de la coalición de Sholtz perdieron; los socialdemócratas sacaron 13,9 %; los Verdes, 11,9 %; y los liberales, 5,2 %, mientras la ultraderecha de AFD aumentó su votación a un 16 % y los cristianos demócratas fueron la primera fuerza, con 30 %. Las elecciones fueron una debacle para el Gobierno alemán.
En Francia, el partido de Marine Le Pen, Reagrupación Nacional, sacó el 31,5 %; la coalición liberal de Macron obtuvo 15,20 %, y los socialdemócratas, 14%. Una derrota terrible para el presidente francés.
Macron, prematuramente, disolvió la Asamblea y llamó a nuevas elecciones. Esta reacción tiene confundidos a los europeos. Era necesario convocar tres años anticipadamente las legislativas en Francia con la posibilidad inmensa de que el partido de Marine Le Pen quede con la mayoría; entonces, a Macron le tocaría como en los viejos tiempos de François Mitterrand y Jacques Chirac: la cohabitación, figura de la política francesa donde tienen que convivir un presidente de un partido con un primer ministro y ministros de otro partido.
¿Qué habrá pensado Macron cuando hizo el anuncio a pocas horas de conocer los resultados electorales europeos? Quizá, que tenía tres años en los que sería imposible gobernar y que prefiere que los franceses se den cuenta de que es seguir con él o llegar al abismo, que sería la cohabitación.
Hay varios países gobernados por la derecha que querrán ampliar su espacio en las instituciones europeas y no dejarán que Francia y Alemania tomen decisiones de la manera como lo han hecho siempre, por lo menos no con estos gobiernos que no están representando a las mayorías.
Sin duda, la migración y la situación que esto ha generado, las muestras de xenofobia y el reclamo a los gobernantes para cerrar las fronteras y asumir una posición dura son algunos de los argumentos que han generado el apoyo a la ultraderecha. Lo que sigue siendo una paradoja es que necesitan a los migrantes jóvenes en estas sociedades, que se han envejecido y necesitan trabajadores.
Los países gobernados por la derecha en Europa han sido duros con la migración: Hungría, Austria, Países Bajos, Finlandia e Italia, y esta posición los ha llevado a liderar el voto en sus países, que ahora refleja la posición en el Parlamento Europeo.
Esto no es solo la realidad europea, pues en Estados Unidos es igual a pocos meses de las elecciones: vemos un discurso extremista contra la migración y se oyen promesas de bloquear la llegada de nuevos migrantes.
El cambio político y las consecuencias que vendrán para Europa y Estados Unidos las veremos próximamente. Tanto odio y xenofobia han creado un mundo cada vez más difícil de entender, con un futuro impredecible.