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La agresión es natural, la violencia una perversión

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María Antonieta Solórzano
24 de marzo de 2011 - 05:15 a. m.
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Nos preocupa responder con violencia a un inconveniente menor, por ejemplo, que un hombre en un establecimiento le corte la cara a una mujer a raíz de un altercado porque no puede soportar el dolor de que se acabaran las empanadas, o que un joven celoso asesine a otro porque le ofreció un cigarrillo a su novia.

Nos inquieta menos la agresividad frente a dificultades cotidianas, porque pensamos: “solo me pongo bravo por cosas importantes, cuando tengo razón”. Y, nos altera muy poco que las guerras impliquen que estamos culturalmente dispuestos a tomarnos por la fuerza lo que no nos corresponde por derecho y todavía menos que mediante este mecanismo obliguemos a comunidades o minorías a aceptar condiciones de vida indignas.

Ocurre que la agresividad, fuerza inherente a todo ser vivo, sirve a un doble propósito: defender lo que debe ser conservado y desintegrar lo que debe ser destruido. Pero, en nosotros los humanos que vivimos el temor de que los recursos sean insuficientes se desvía dicho destino, de tal forma que la agresividad se usa para proteger, a cualquier costo, intereses particulares.

¿Hasta cuando vamos a seguir usando nuestro valiosos potencial agresivo para destruir lo que debería ser conservado? Mientras  nuestra subjetividad temerosa o nuestra racionalidad arrogante afirme que si tenemos un buen motivo la respuesta agresiva es aceptable, vamos a seguir encubriendo a maltratadores y  asesinos.

Todos ellos alegan tener  un motivo personal que justifique su acción. Pero mientras sigamos creyendo que la fuerza es una manera de solucionar conflictos nunca vamos a decir no a la violencia y a las guerras.

A la  edición 1504 de la revista Semana que en su articulo sobre la intolerancia dice: “Si algo está claro es que en lo profundo del inconsciente colectivo de los colombianos, cada crimen por aislado que parezca, tiene nexos profundos con una historia de cinco décadas de degradación, mafias y guerra. El problema está a la vista y las soluciones, sobre el tapete. La cuestión es que las autoridades se decidan a dar el timonazo”, quiero agregar:

Nuestro futuro nos agradecerá que notemos que cada uno es autor y autoridad  en el uso que da a su agresividad, por lo tanto está en nuestro fuero interno reconocer que como ésta es natural, transformarla en soluciones es creatividad y convertirla en violencia es perversidad.

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