Publicidad

La infidelidad, ¿se calla o se relata?

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
María Antonieta Solórzano
08 de octubre de 2009 - 03:45 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Faltar a una promesa convierte a una persona que se creía honrada en una que no lo es.

Cuando esto sucede la confianza que requieren las empresas humanas para tener éxito se quebranta y se necesitan acciones reparadoras para que la fe en el que no cumplió su palabra se restablezca.

Tanto la vida de los pueblos como la de los matrimonios están atravesadas por episodios en los que los seres humanos fallan. Confesar el error parece necesario para la reparación. En cambio, la costumbre de ocultar agrava la situación. En el mundo de la vida de pareja, todos hemos oído a alguien que nos hace confidentes de su sensación de traición o, incluso, algunos han vivido esta experiencia.

El episodio se relata más o menos así: yo le pregunté qué le pasaba, por qué estaba lejana o lejano, me contestaba que nada, que tenía mucho trabajo. Semanas o meses después me enteré de que tenía un amorío. Y lo confronté. Me contestó que sí. Pidió perdón y afirmó que eso ya había pasado. Frente a esta confesión, el que oye entra en un remolino de dolor y confusión. La posible alegría de que su matrimonio continúe se mezcla con la ruptura de la confianza que genera el engaño. Adicionalmente, no sabe si es más grave la mentira o la verdad. Por eso todavía nos preguntamos: ¿la infidelidad es una experiencia que debe ser contada o callada?

La sabiduría popular en el caso del hombre infiel recomienda callar. La creencia supone que si el cónyuge engañado nunca se entera, todo seguirá igual. En el caso de la mujer no sólo se recomienda callar, sino que es imperativo hacerlo pues su vida está de por medio. Hoy se dice que una mujer perdona la infidelidad con más facilidad que un hombre. Pero lo claro es que tanto la infidelidad confesada como la no confesada ponen en riesgo la estabilidad del matrimonio.

Por un lado, relatar abre caminos para revisar elementos de la relación como la comunicación, la sexualidad o el manejo económico, que podrían haber intervenido en el episodio. Pero también cabe la posibilidad de que la persona engañada no admita ninguna discusión y termine el matrimonio. Se requiere valor para ser honesto y asumir que la verdad puede llevarnos al camino de la reparación o a las dolorosas consecuencias de perder el vínculo.

Lo evidente es que los procesos de reparación que restituyen la confianza requieren de un relato abierto y sincero, que deje al otro la libertad de reiniciar o no un camino. Sólo así la convivencia tiene sentido para el cónyuge o para la comunidad engañada.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.