Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

¿Primero muerto que confeso o que irresponsable?

María Antonieta Solórzano

09 de julio de 2016 - 09:00 p. m.

Según nuestras creencias culturales, se acepta y se promueve que vivamos según un curioso lema: “Primero muerto que confeso”.

PUBLICIDAD

Se necesita ser caradura para practicarlo con habilidad. Desde el jardín infantil hasta los líderes de naciones, pasando por las empresas y las familias, esta regla implícita hace carrera, invitándonos a suponer que para resolver un conflicto o solucionar un problema basta con declarar la propia inocencia y cargar a otro con la culpa.

En el jardín infantil, cuando un chico ve que derramó la tempera, se protege de las consecuencias acusando a su compañero, pues cree que la maestra lo va a sancionar.

En la empresa que no cumplió con sus objetivos, el gerente acusa a la junta directiva y ésta a su vez se lava las manos incriminando al gerente. Cada uno teme perder su prestigio.

En las parejas, el infiel atribuirá al engañado algún defecto y éste a su vez lo tildará de inmoral. Ninguno está dispuesto a asumir su rol en el deterioro de su relación.

Los gobernantes hacen responsables de las desgracias del país a sus oponentes, y éstos a su vez dirán que los desastres los origina el que gobierna, aunque unos y otros se sucedan en la tarea del poder.

Sin la humildad y honestidad necesarias para reconocer que somos creadores de los problemas y de los conflictos que nos aquejan, y que nuestro deber ético es recoger las consecuencias de nuestras acciones o transgresiones, estamos condenados a vivir de confrontación en confrontación, sin que la armonía pueda surgir.

En nuestra cultura, hacerse responsable del error implica hacerse merecedor de un castigo y perder la oportunidad de enmendar. Creemos que debemos ser infalibles. No distinguimos error de delito.

Qué armónica sería nuestra vida si quien se equivoca tuviera que encargarse de redireccionar las consecuencias de su falta, si pudiéramos aceptar que quien se equivoca necesita ayuda y no castigo.

Entonces, el niño, ayudado por la maestra, limpiaría la mesa donde regó la pintura; la junta directiva y el gerente pedirían ayuda a otros empresarios para repensar la empresa; las parejas, en lugar de buscar un tercero extramarital, buscarían apoyo, familiar o profesional, para recordar cómo cuidarse y acompañarse; los gobernantes, en lugar de polarizarse, con humildad y honestidad buscarían luces en las gentes sencillas y en los sabios para encontrar remedios conjuntos.

Read more!
No ad for you

Para actuar con la grandeza, la humildad y la honestidad necesarias para formar parte de las soluciones y construir armonía, es imperativo reformular el lema implícito y decir “primero muerto que irresponsable”.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.