El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Sí, las ideas mueven el mundo

María Antonieta Solórzano

19 de marzo de 2008 - 04:18 p. m.

La búsqueda de la verdad es la gran ambición de los seres humanos. Sin embargo, nuestras limitaciones biológicas y socioculturales nos obligan a contentarnos con las aproximaciones: nos invitan a aceptar que las cosas no son lo que parecen.

PUBLICIDAD

En ocasiones, esta situación es trivial y sin mayores consecuencias. Por ejemplo, cuando el empleado a quien recién contratamos no resulta tan eficiente; o si la comida que preparamos no tiene el sabor que suponíamos. Pero en otras circunstancias puede ser fuente de ansiedad y de dolor personal, cuando nos damos cuenta de que los amigos con quienes compartimos muchos años, con ocasión de un negocio u otra circunstancia, se comportan como si fueran desconocidos. En estos escenarios nos invade la tristeza, pero podemos elaborarla sin demasiado esfuerzo.

Pero hay situaciones graves que afectan no solamente nuestra vida, sino que también pueden cambiar el presente y el futuro de naciones enteras, como una amenaza de guerra o un conflicto armado que dura por siglos. En estas circunstancias, todos comenzamos a desear un final feliz o que la creación de una nueva realidad cambie el rumbo de las cosas, aunque en realidad la verdad última escape a nuestra comprensión. Entonces, nos preguntamos: ¿Cuál es la magia que permite que una pesadilla se transforme en un cuento de hadas, cuál el mecanismo que transforma la decepción y la desconfianza en esperanza? Por sencillo que parezca, el mecanismo no es otro que la palabra que se atreve a proponer la conciliación y el perdón.

Recientemente, en la Cumbre de Río, los presidentes latinoamericanos se encontraron con la responsabilidad de llevar a sus naciones a la guerra o encontrar una nueva salida. Al comienzo de la reunión, como todos sabemos, la necesidad de mostrar los errores y/o las malas intenciones evidenció la gravedad y la profundidad del conflicto. Sin embargo, la conciencia de las consecuencias se unió a las palabras del Canciller de Brasil, en las que se llamaba la atención acerca de que existía un pedido de perdón, un reconocimiento del error, que no aún se había oído suficientemente. Su palabra buscaba superar la sordera frente a la posibilidad del perdón y crear una realidad o una verdad que hasta ahora no existía.

El Presidente de la República Dominicana se atrevió, con la palabra, a proponer un apretón de manos y, desde esa nueva realidad, sembró el comienzo de una reconciliación.

Al iniciar una sesión de terapia, con una pareja que estaba segura de que debía divorciarse, cada uno de ellos expresó con vehemencia todas las quejas y reclamos que habían acumulado durante veinte años de vida. Pero, una vez que cada uno dijo todo, ambos comenzaron a ver la pesadilla hacia la que se dirigían, se vieron embarcados en una pelea larga y desgastante.

Al preguntarles si esto era lo que estaban dispuestos a asumir, aparecieron señales de duda. En ese momento me atreví a pedirles que recordaran la época en que se habían conocido y como habían tomado la decisión de casarse. Se contactaron con sus recuerdos y emociones iniciales y notaron el dolor que la posibilidad de un divorcio les producía. Ahí surgió empatía entre ellos y se abrazaron.

¿Cuál es la verdad? ¿Se abrazan los que se aman o los enemigos hipócritas? No importa la respuesta, porque en realidad este abrazo si bien no resuelve el problema, sí marca un cambio de rumbo. Crea la posibilidad de una nueva realidad con un futuro distinto, en el que la conciliación, la comprensión y el perdón podrán aparecer. Las cosas no siempre son lo que parecen, los conflictos pueden transitar hacia soluciones creativas cuando la palabra se ocupa de abrir esos caminos. Podemos crear conversaciones que nos acerquen a un futuro donde la guerra no sea el pan de cada día.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.