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Es incalculable el número de personas en el mundo que sienten que en sus vidas les hace falta algo para ser completamente felices; como tener la pareja o la familia perfecta, más plata, el trabajo de sus sueños, hacer el viaje que toda la vida han querido, una casa o un carro más grande, estar más flaco o estar más gordo, o sencillamente algo que les gustaría que fuera de otra manera. Viviendo siempre en la constante desaprobación de su situación.
Encontrar el punto en la vida en donde te sientes pleno y tranquilo con lo que tienes es sumamente difícil, es cuando dejas de estar vibrando en la sensación de escasez y te conviertes en una persona abundante, no solamente hablando de lo material, sino principalmente de manera espiritual. Es el sentimiento de vivir en compleción, en donde no te hace falta nada y estás completamente aliado con Dios, el universo o el ser supremo en el que creas. En donde tus pensamientos ya no dominan tus acciones, tú decides a dónde dirigir tus pensamientos y los enfocas en crear el presente que quieres. Ya sin desear cambiar todo y al contrario sentir una inmensa gratitud por el aprendizaje, que ya no será bueno o malo, sencillamente será aprendizaje, experiencia, vivencia.
Empiezas a mirar atrás y ver que todo fue perfecto para llegar allí en donde estás, no pudo ser de otra manera. Todas las personas y todas nuestras acciones fueron absolutamente perfectas para convertirte en el personaje que eres hoy, lleno de virtudes y sobre todo de resiliencia.
Lo importante y el primer paso es practicar la gratitud. Cuando practicamos a diario y constantemente la dinámica de agradecer lo que tenemos y lo que aún no tenemos pero que anhelamos, sin desestimar lo que actualmente vivimos, nuestro cuerpo y nuestra mente sienten gozo. Personalmente, varias veces al día me repito internamente el mantra “Gracias, gracias, gracias”, sin razón o motivo alguno, simplemente manejando, viendo a la calle o en el ascensor. Buscando estar en presente me lo repito una y otra vez e inmediatamente empiezo a sentir una energía distinta en mi cuerpo, muy parecida a una alegría inmensa y se dibuja una sonrisa en mi cara.
Otro de los secretos que muchos expertos en felicidad comparten y que aplico en mi vida es aprender a controlar mis pensamientos y no dejarme llevar por ellos. Meditando es la forma más fácil de entrenar nuestro cerebro, al principio cuesta un poco de trabajo si eres una persona como yo que está acostumbrada a maquinar todo el día, pero cuando lo desarrollas, la serenidad y la forma en que tomarás decisiones de ahora en adelante si tienes la mente clara y tranquila serán transformadoras en tu vida. Existen millones de videos y aplicaciones para principiantes en meditación, pero a mí me ha servido mucho hacer consciencia de mi respiración y profundizar en ella para encontrar mi calma.
Obvio hay cosas en la cotidianidad que te mueven el piso y te sacan de control, pero cada vez más me pasa que rápidamente vuelvo a mi calma y me río de mí misma de verme metida en un conflicto que yo creé hace un segundo y que, si lo decido en este nuevo instante, no permito que me afecte.
Es estar en presente, aquí y ahora.
¡Putamente agradecido, putamente feliz!
