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La internet, además de su utilidad práctica, ha traído transformaciones drásticas en la vida cotidiana y la interacción individual de la gente.
Muchas asombrosamente positivas pero otras francamente nocivas, como es la adicción a Google. Una herramienta que nació como un motor de búsqueda de información pero que terminó sustituyendo el hábito de la lectura, la curiosidad que deriva en la investigación, el método para pensar y construir con lógica. Ha sido incluso capaz de reemplazar el diagnóstico médico, llevando a la gente al extremo de autorrecetarse y tomar decisiones terapéuticas. En fin, estamos frente a una especie de dios omnipotente, resuélvelo todo, que aparentemente encuentra soluciones, sin límite alguno.
Se ha llegado a tal extremo que hace seis años nació www.thechurchofGoogle.org, una secta de fanáticos dedicados a defender a Google como el nuevo dios. Un sitio en la web en donde se defiende el googlolismo. Según ellos lo es todo porque brinda a los humanos la posibilidad de adquirir conocimiento para mejorar sus vidas. Celebran el 14 de septiembre como su fiesta, el día en el que se registró oficialmente el reconocido buscador, y sostienen que no hay sino motivos de agradecimiento.
Se recrean con los ejemplos, simples y elementales, asociados al diario vivir. Habla de quienes quieren bajar de peso para mejorar su salud y que basta consultar a Google y poner en práctica y disciplina los consejos para obtener los resultados esperados. Como en cualquier aspecto de la vida, bien sea el amor, la vida, la muerte, el poder, el sexo. Según sus fervientes defensores, todo se reduce a colocar una palabra para que llueven las recetas y las fórmulas mágicas para afrontar la vida.
Los seguidores del googlolismo tienen mandamientos, oraciones basadas en el padrenuestro y argumentos para adorar a Google como si se tratara de un nuevo dios. En uno de sus enlaces se pueden encontrar las instrucciones para ser un líder, pastor o evangelista de la nueva adoración que defiende con argumentos como que:
Google es lo más cercano a una entidad omnisciente, pues tiene anexadas más de 9,5 billones de páginas web.
Google es omnipresente: virtualmente está presente en todo el mundo al mismo tiempo.
Google es inmortal, durará por siempre. Google crecerá al infinito. Google recuerda todo: el sitio almacena cada dato en servidores gigantes que permiten subir pensamientos y opiniones que quedan guardados para siempre en internet, aún después de la muerte de quien los escriba. La información que allí se encuentra la puede aprovechar el que quiera y está al alcance de todos. Y recuerdan algo más drástico aún: la palabra ‘Google’ es más buscada que los términos ‘Dios’, ‘Jesús’, ‘Buda’, ‘Cristiano’, ‘Islam’, ‘Budismo’ y ‘Judaísmo’, todas juntas. La fuerza de Google es evidente y cotidiana. Si creer es ver, dicen, entra a Google.com y experimenta su poder.
El poder de volver lo profundo superficial y lo complejo estúpidamente simple. Embrutecedor. Aterradoramente elemental. ¿Qué saldrá de estas nuevas generaciones atrapadas por este buscador mágico? Tal vez en Google también está la respuesta.
