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Las lecciones de Camus el periodista

María Elvira Bonilla

25 de mayo de 2014 - 10:00 p. m.

El gran escritor francés y premio nobel Albert Camus, más conocido por la literatura y sus memorables novelas —La peste, La caída, El último hombre—, nunca abandonó su compromiso con los hechos que rodearon su vida, con su tiempo, y de ahí su valoración por el rol del periodista.

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Fue él quien describió el periodismo como el oficio más bello del mundo, como también lo reconocía a voces el también nobel García Márquez.

Hace relativamente poco apareció un texto de Camus enviado al periódico Le Soir Republicaine. Lo escribió en un momento en el que estaba acogotado por el miedo a la invasión alemana y la creciente cobardía de las élites políticas y periodísticas que parecían estar dispuestas a entregarse. Era el 25 de noviembre de 1939 y las tensiones crecían. Es una reflexión que tiene sentido releer a propósito de la dura y enceguecedora polarización electoral que vivió el país en la recta final de la campaña, en la que los medios de comunicación no tuvieron un papel ejemplar.

Esto advirtió Camus en un momento histórico crucial cuando el nazismo avanzaba y la prensa, la sociedad y sus élites estaban acobardadas y perplejas: “La libertad de prensa es solo una cara más de la libertad tout court, y la obstinación en defenderla obedece a que, sin ella, no habrá forma de ganar realmente la guerra. Los medios y las condiciones para que un periodista independiente no pierda su libertad son cuatro: lucidez, rechazo, ironía y obstinación.

La lucidez, porque supone la resistencia a los mecanismos del odio de la ira y el culto a la fatalidad (...) Un periodista no se desespera y lucha por lo que cree verdadero como si su acción pudiera influir en el curso de los acontecimientos. No publica nada que pueda excitar el odio o provocar desesperanza. Todo eso está en su poder.

Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer alguna desobediencia. Todas las presiones del mundo no harán que un espíritu un poco limpio acepte ser deshonesto (…) Es fácil comprobar la autenticidad de una noticia. Y un periodista libre debe poner toda su atención en ello. Porque si no puede privarse de decir lo que piensa o acabar diciendo lo que no piensa o que cree que es falso. Esta libertad negativa es, de lejos, la más importante de todas, ya que permite servir a la verdad en la medida humana de sus fuerzas, o al menos rechazar lo que ninguna fuerza le podría hacer aceptar: servir a la mentira.

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La tercera condición para ser libres es la ironía: la ironía es un arma sin precedentes contra los demasiado poderosos. Completa a la rebeldía en el sentido de que permite no solo rechazar lo que es falso, sino decir a menudo lo que es cierto.

La cuarta regla indispensable es tener un mínimo de obstinación para superar los obstáculos que más desaniman, como son la tontería, la abulia organizada, la estupidez agresiva”.

Han pasado casi 70 años y las advertencias de este hombre que hizo de la palabra y el pensamiento su principal arma de lucha siguen vigentes para ser asumidas como lecciones en un momento en que Colombia necesita un periodismo con valor, independencia y lucidez.

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