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Petro y su gobierno por Twitter

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María Elvira Bonilla
19 de marzo de 2012 - 01:00 a. m.
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El día del colapso de Transmilenio el alcalde Gustavo Petro lanzó un tuit cada cinco minutos. A través de mensajes de 120 caracteres (los telegramas de antaño), como lo permite esta novedosa herramienta de comunicación.

Ubicó, de acuerdo con la información que le arrojaban las pantallas de la ultramoderna sala de crisis de la Alcaldía, que convirtió en su puesto de mando, los lugares más críticos hasta advertir incluso las emergencias humanas; intentó persuadir a los saboteadores advirtiéndoles que los tenían fotografiados; responsabilizó al Partido Comunista y al Moir de lo que sucedía y les pidió a las bases juveniles de Progresistas que ayudaran a mantener la calma. Llegó incluso al punto de levantar la medida del Pico y Placa, con lo que podría entrar a formar parte de los Récords Guinness. Respondió a los críticos, se defendió, argumentó, provocó. Completó 240 mensajes en el día. Petro gobernó en tiempo real. En vivo y en directo.

Un gobernante convencional se habría dedicado ese día a dar órdenes por teléfono. A la Policía, a los alcaldes locales, a los secretarios del despacho, a las líneas de emergencia. Al final del día habría leído, con serenidad impostada, una alocución televisiva con el correspondiente parte de tranquilidad. Pero no Petro, no es de este tipo de gobernantes. Prefiere la interacción directa con la ciudadanía, tal como lo hizo.

A través de esta comunicación en caliente se trasluce un gobernante de carne y hueso que hay detrás de cada mensaje. Su condición humana. Se percibe a un hombre que para bien o para mal está volcado con todos los sentidos en el problema de la ciudad. Pierde la distancia y se acerca de igual a igual a la gente que está en la calle. Sin disimular sus emociones. Allí está el sujeto, sin filtros, con sus emociones expuestas a flor de la palabra a través de la tecla del teléfono celular o del computador.

El argumento de Petro, a decir de gente cercana a él, para mantener tal febrilidad comunicativa, es la necesidad de mantener contacto con la población sin la mediación de los medios de comunicación convencionales, que a decir suyo, poco gustan de él. Es una comunicación directa, transparente y efectiva. La medición que se ha hecho del impacto de un mensaje del alcalde por Twitter es que éste le llega a dos millones de personas, sin interpretaciones ni atajos. Cuenta con 200.000 seguidores activos, de los cuales muchos son militantes y fans suyos, que se encargan de reenviarlo y multiplicarlo. Como lo hacen también los medios de comunicación.

El rasgo de una personalidad autoritaria que siempre ha estado presente en Gustavo Petro se expresa aquí de manera clara. Las instituciones, el equipo y los colectivos existen de manera egocéntrica a través suyo. Es él y la gente. Pero también es él quien pone la cara, de frente, y asume responsabilidades con un altísimo riesgo. Sin fusibles. Sin líneas de delegación poniendo a prueba sus decisiones, cada día, frente a la opinión. Aún es prematuro vaticinar el resultado del experimento. Lo único cierto es que es una manera distinta de gobernar.

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