¿QUÉ HARÁN LOS HISTORIADORES con todos esos libros, a veces apresurados y a veces no, que han brotado silvestres de la realidad colombiana?
¿Cómo hilar tres maneras de ver y de buscar, tan sólo reunidas por el azar de un veraneo?
El primero, sobre valores: quien sea capaz de inquietarse por la traición y la vergüenza, tiene incorporada la necesidad de transparencia. León Valencia responde en Mis años de guerra a mezquinas insinuaciones con la conciencia tranquila del que “había ido a la guerra por unas creencias y me devolví con ellas”.
Su relato parte de dos preguntas íntimas que podrían ser también las de muchos sectores de la realidad colombiana: “¿Debo avergonzarme de mi pasado? ¿De qué parte de ese pasado debo hacerlo?” Muestra la otra cara de una historia que no es de maniqueísmos sino de seres humanos; las huellas literarias de un padre inválido que se reflejan en el escritor; la fogosidad sexual que es, tanto como su avidez literaria, una necesidad de vida; y la influencia de los curas rebeldes en ese oriundo de Andes. Como lo es Mario Uribe, así como Simón Trinidad nació en el mismo clima de Jorge Cuarenta, en el Valledupar de Alfonso Sánchez Baute, que también quiso explicar por qué se dan esos destinos, esas enemistades paralelas entre “gentes de bien” .
El segundo, de escaso mérito literario. Más allá de la malévola intención contra el inescrutable Procurador (por cierto, ¿cómo así que deja de vigilar a la CNTV porque no le dan garantías?), abunda en hechos que no dejan de ser realidades: La caída del imperio Maya, también sobre Valledupar. Se sigue destapando la caja de Pandora, tan usufructuada por los cachacos del jet set, que tampoco querían ver lo qué estaba sucediendo.
Y el tercero, de Iván Cepeda y Jorge Rojas, una investigación mucho más rigurosa de lo que quisiera el inefable Fernando Londoño quien, según dicen, va a prologar otro libro de respuesta, cuando esa respuesta es obvia: ¿será que en el Ubérrimo eran sordos, ciegos y mudos?
En todo caso, ¿le queda a usted alguna duda de que esos intentos de exorcizar el pasado serán una herramienta para los historiadores del futuro?