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Escarbando

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María Teresa Herrán
26 de junio de 2008 - 01:39 a. m.
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EN NUESTRA OLVIDADIZA AMÉRIca Latina, la historia es mucho más efímera, la memoria mucho más deleznable,  las repeticiones mucho más trágicas y la ambición  mucho más fuerte que la coherencia.

Ortega, el de Nicaragua, va en camino de convertirse en dictadorzuelo para quien la democracia es buena, siempre y cuando se prohíban los partidos que son  adversos al caudillo. “Sandino jamás habría sido danielista”, gritan en Managua.

Ortega, el de Nicaragua, llevó a   huelga de hambre a una heroína del sandinismo,  Dora María Téllez, emblema de la vocación de cambio, porque no quiere reconocerle personería al Movimiento Renovador Sandinista.

Ortega, el de Nicaragua, se parece cada vez más a Somoza, es cada vez más despreciativo del aporte intelectual de sus compatriotas, protege cada vez más su ineficiencia con la coraza de Rosario Murillo, se rodea de un séquito cada vez más estrecho y dilapidador.

Ortega, el polichinela de Chávez, el   aliado de las Farc, el mismo que posa como defensor del papel “revolucionario” de dos asiladas colombianas y una mexicana, quienes se encontraban en el campamento de Reyes jugando a  Che Guevara.

Ortega, de quien se aislaron  ideólogos de la lucha contra Somoza como Sergio Ramírez, Dionisio  Marenko, su propio hermano Humberto, y que guarda en su  vacua personalidad la impronta del somocismo, al que, sin  saberlo, intenta parecerse.

El mismo Ortega, elegido con sólo el 38% de los votos, clientelista, torticero,  que lleva a su pueblo a un destino que  nunca pensó repetir.

¿Será cierto, como escribe   Sergio Ramírez, que la violencia ya no es posible en Nicaragua por tantos muertos que pesan sobre los recuerdos?

¿Cuándo se logrará enterrar el fantasma del caudillismo? ¿Cuándo dejaremos de buscar a un “Salvador” para suplir nuestra incapacidad de organizarnos?

¿Cuándo terminará el vicio circular  de  nuestras miserias?

Y en vez de un cortoplacismo que consiste tan solo en denunciar ante la OEA los   insultos de Ortega, ¿cuándo la política exterior colombiana tendrá  en cuenta el contexto interno de Nicaragua?

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