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Escarbando

María Teresa Herrán

03 de septiembre de 2008 - 08:40 p. m.

GANAS HAY DE QUE TODO NO HUBIEra existido, no sólo en el pasado, sino también en el presente. Ganas de que nada perturbe la comodidad de ser indiferentes.

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Esas ganas no son  de las víctimas o de sus familiares, que quieren saber. Quieren que se castigue a los responsables, no por mano propia  sino por  la acción de la justicia; no por una reparación mentirosa de lo irreparable, sino para que los responsables sepan al menos que  sus actos no fueron aceptados, aunque se les tolerara.

Por fortuna, un grupo de eminentes y discretos investigadores (Orozco,Wills, Camacho, Uribe, Machado, Valencia, Gaitán), coordinados por Gonzalo Sánchez, van a reconstruir, desde la academia, la memoria de lo que no puede olvidarse.

Pero hoy como ayer, la tolerancia de “la gente de bien” la explica su inconsciente individualista, por lo “aburridores” que resultan masacres, fosas, huesos ajenos, ciudadanos del común afectados por carros bombas.

El Palacio de Justicia de Cali, como lo fue el Palacio de Justicia de la Plaza de Bolívar, son símbolos del predominio de la  razón sobre la sinrazón del narcotráfico, de la guerrilla, de los paras y de sus macabras alianzas.

No se sabe qué es peor, si la acción de los  violentos o la omisión de los buenos. Pero si hace falta la memoria, un episodio debería servir de moraleja a los deseos actuales de no ver y a descalificaciones de la Corte y de los jueces. Desde el 31 de mayo de 1996, el coronel Carlos Alberto Velásquez informó a sus superiores sobre lo que estaba sucediendo en Urabá bajo la era de Rito Alejo del Rio: “como mínimo, no existe en el señor brigadier general comandante de la brigada 17 el convencimiento  de que la delincuencia organizada (llamada por la gente de la región  paramilitares) es también un peligroso factor de desorden público y violencia”.

¿Saben qué se ganó el coronel Velásquez?  Sus superiores lo sancionaron por  “reprensión severa” (Alternativa, enero 15 del 97) y tuvo que retirarse del ejército.

¿No será que hoy como ayer, se le pone talanquera a la memoria, con esas cegueras colectivas que nos hunden en el círculo infernal de las repeticiones?

mariateresaherran@hotmail.com

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