Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
¿QUÉ HAY DETRÁS DE LAS CONSPIraciones? Joseph tiene la respuesta.
Ya nadie se acuerda de él, salvo para comparar su estrategia. Su notoriedad se basó en producir miedo y frustración a intelectuales y artistas.
Este espécimen de la macabra intolerancia le encantó en su momento a cierta “gente de bien” que, como él, no iba más allá de la calumnia, ciegos todos a las injusticias y a las iniquidades.
Eludía responsabilidades acorralando al otro, reemplazaba la libre controversia de las ideas por la tesis de la “conspiración”, vio en cada contertulio un posible enemigo de las instituciones, aplastaba el pensamiento por considerarlo sospechoso.
Sí: por fortuna, Joseph McCarthy sólo dejó como enseñanza que a la democracia no se le defiende con la ceguera, la malevolencia, el rumor, la intriga, las listas negras, las soterradas insinuaciones.
El macartismo a la colombiana que se está fraguando se disfraza de intelectualidad carnavalesca a lo José Obdulio Gaviria, o prepotente a lo Fernando Londoño.
Son los que, como Luis Guillermo Giraldo, creen que la democracia se cumple mejor perpetuando el autoritarismo en el poder.
Callan sus debilidades envolviéndose en el disfraz del patriotismo. En versiones yuppies, llegan a la ridiculez de adorar a Hitler, como ciertos grupos skin heads criollos. Pero necesitan un clima favorable, como el de aquellos alemanes que nunca cuestionaron.
En vez de proponer el mejoramiento de la calidad de la administración de justicia, se limitan a “descubrir” que detrás de Asonal Judicial hay apoyos conspirativos de la subversión. Alegan que Piedad Córdoba es miembro de las Farc, o que Codhes y las ONG son “comunistas”.
Santos macartistas, se creen depositarios de la verdad democrática. Allá ellos, porque la libertad de expresión es sagrada. Pero que ojalá los demás no nos vayamos instalando en esa tesis.
