Publicidad

Escarbando

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
María Teresa Herrán
13 de noviembre de 2008 - 01:43 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

EN LA COLOMBIA TRÁGICA, SE MARchó en silencio o con los gritos del horror, como  cuando asesinaron a  Guillermo Cano, Luis Carlos Galán, Pardo Leal  y Bernardo Jaramillo.

Antes, la protesta social en la  calle se asociaba   con el izquierdismo,  el sindicalismo,  lo que algunos consideraban “subversivo”.

Un   “clic” se hizo  en  el 2007  con  el profesor Moncayo y  luego, este año,  con la marcha del  4 de febrero,  no sólo hacia la plaza de Bolívar, sino, lo novedoso,  en la avenida de Chile. Era contra las Farc,  muchos marcharon  contra el secuestro y algunos marchamos   contra el secuestro y el desplazamiento.  Hubo   letreros de  barbarie como “maten a esas ratas”.

¿Por  qué se diluyeron los chicos que  organizaron el 4 de Febrero? ¿Quién sigue marchando con el profesor Moncayo?

Pero,  enhorabuena, se   multiplicaron las marchas,   como   aquella   para  recordar  que también había   desaparecidos, antes de que  a los colombianos se nos confrontara con  la realidad  de los  falsos positivos.

 Y esta semana, llegan a   Bogotá   dos marchas significativas.

 Una,   de  estudiantes de la Universidad   Pedagógica y Tecnológica  de Tunja, que protestan  por  recorte presupuestal de su universidad.

¿No  rompen el estereotipo según el cual a los  universitarios de hoy  sólo los motiva tirar piedra  y   lanzar papas molotov?

La segunda, la anunciada  Minga  de  los  indígenas, con todo el significado ancestral  que  eso tiene, y que  los  identifica  con Gandhi y quienes en el mundo no aceptan  el lastre de lo  inevitable.

¿Por qué  diablos se entremete el Uribe atarván para imponerles no  pasar  por  Ibagué,  y por qué el  respectivo Alcalde no les plantea  el problema,   dejándolos    tomar   sus propias y sensatas decisiones?

 Una tercera marcha se prepara para el  28 de  noviembre por iniciativa de Ingrid Betancur, que  promueve  la liberación de los secuestrados y cuenta con el apoyo de todos los medios.

 Allí estaremos, pero    ¿no valdría la pena abandonar el mesianismo  navideño y aglutinarnos  en favor de la libertad,  si, pero también  de la  equidad, la justicia  y, en fin,  de todos los  valores que nos harían   más democráticos?

mariateresaherran@hotmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.