EN LA COLOMBIA TRÁGICA, SE MARchó en silencio o con los gritos del horror, como cuando asesinaron a Guillermo Cano, Luis Carlos Galán, Pardo Leal y Bernardo Jaramillo.
Antes, la protesta social en la calle se asociaba con el izquierdismo, el sindicalismo, lo que algunos consideraban “subversivo”.
Un “clic” se hizo en el 2007 con el profesor Moncayo y luego, este año, con la marcha del 4 de febrero, no sólo hacia la plaza de Bolívar, sino, lo novedoso, en la avenida de Chile. Era contra las Farc, muchos marcharon contra el secuestro y algunos marchamos contra el secuestro y el desplazamiento. Hubo letreros de barbarie como “maten a esas ratas”.
¿Por qué se diluyeron los chicos que organizaron el 4 de Febrero? ¿Quién sigue marchando con el profesor Moncayo?
Pero, enhorabuena, se multiplicaron las marchas, como aquella para recordar que también había desaparecidos, antes de que a los colombianos se nos confrontara con la realidad de los falsos positivos.
Y esta semana, llegan a Bogotá dos marchas significativas.
Una, de estudiantes de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja, que protestan por recorte presupuestal de su universidad.
¿No rompen el estereotipo según el cual a los universitarios de hoy sólo los motiva tirar piedra y lanzar papas molotov?
La segunda, la anunciada Minga de los indígenas, con todo el significado ancestral que eso tiene, y que los identifica con Gandhi y quienes en el mundo no aceptan el lastre de lo inevitable.
¿Por qué diablos se entremete el Uribe atarván para imponerles no pasar por Ibagué, y por qué el respectivo Alcalde no les plantea el problema, dejándolos tomar sus propias y sensatas decisiones?
Una tercera marcha se prepara para el 28 de noviembre por iniciativa de Ingrid Betancur, que promueve la liberación de los secuestrados y cuenta con el apoyo de todos los medios.
Allí estaremos, pero ¿no valdría la pena abandonar el mesianismo navideño y aglutinarnos en favor de la libertad, si, pero también de la equidad, la justicia y, en fin, de todos los valores que nos harían más democráticos?