MÁS PARECÍAMOS EN UN MACABRO carnaval que en época navideña, o conmemorando con la pesadumbre de la vergüenza los sesenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, o pendientes de la sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre Colombia.
En un singular revoloteo, con el grácil encanto de una bailarina de porcelana, Íngrid Betancourt, cual estrella rutilante de un universo desconocido, posó sus livianos pies en los despachos de todos los presidentes de América Latina, para luego recoger, bajo su ala protectora y como una exhalación, a un alias Isaza atónito.
¿Importa acaso que en unos meses, ya nadie se acuerde de Wilson Bueno Largo, encerrado con ochocientos euros mensuales entre las cuatro paredes oscuras de un suburbio dantesco de la Ciudad Luz, en la selva inhóspita de la indiferencia gala, con la misma soledad acongojada de los inmigrantes que estorban, luego de que Sarkozy demostrara su magnanimidad y cuando ya Íngrid no tendrá más tiempo de ocuparse, cual dedicada sor Teresa de Calcuta, del día a día de su protegido?
Antes de embarcarse, el valiente debió quedar atónito por la rapidez con que se le resolvió su situación, en este país de sentencias inacabadas, de leguleyos enredadores de pitas, de fiscales espectadores de superlativos, de procesos kafkianos liderados por paracos lanzados al estrellato por sus declaraciones o por cartas como las que ahora manda don Bernabé desde los United States of América.
Apenas habíamos salido del desenfreno piramidal, de las insensateces barbáricas de las Farc y de los esfuerzos macondouribistas para echarle el agua sucia a sus súbditos, cuando nos cayó del cielo Santos el grande y nos dio la buena nueva: alias Isaza podía irse.
Surgió entonces un Diego Palacio, espléndido en el doble rol de conciliador laboral y de austero profeta enemigo de la pólvora.
En ese etéreo escenario, Giraldo resultó como todos lo presentíamos, aunque los de su partido lo descubrieron como quien descubre un mundo nuevo.
Espejito dime: ¿cuándo llegará el hada madrina a despertarnos?