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¿USTED LE CREE AL MINISTRO VAlencia Cossio cuando prevé que la reforma política le pondrá coto a las mafias y al paramilitarismo, pero se le “olvida” que sólo regirá a partir de 2010?
¿O más bien usted es de los que analiza la patética situación colombiana con base en realidades como el seguimiento de Colombia Visible, de la U. de los Andes, que muestra cómo el 66% de los reemplazos de parlamentarios del cuatrienio se deben a procesos de la parapolítica, bien sea por renuncia o suspensión?
¿Usted todavía cree que el uribismo tiene un futuro consolidado en cabeza de “delfincitos” como el Ministro Arias o Germán Vargas Lleras, cuando el actual Partido Conservador y Cambio Radical tienen semejante rabo de paja?
¿O más bien se pregunta qué va a pasar con este descuadernado país el año entrante, con un equipo de gobierno amaestrado por un caudillo en su otoño, que promete acueductos, insinúa referendos, pero también jura recortar el gasto público?
¿Se estremece frente al sombrío panorama de falsos positivos y asesinatos de indígenas y atribuye la hecatombe a la diarrea mental de los que están en el Olimpo, al fatalismo y a la ceguera de los ciudadanos?
¿O se apasiona con temas como el referendo y debates estratosféricos con los que políticos inconsistentes nos abruman?
Si usted es una víctima, ¿lo entusiasma que a posteriori el presidente Uribe sobrevuele personalmente en helicóptero cada tragedia como la de Plato?
Si además usted forma parte del millón doscientos mil afectados, ¿cree todavía que todo se debe al invierno y persiste en culpar al año bisiesto?
¿O más bien comprueba que ha estallado el muy diagnosticado polvorín de los servicios públicos, principalmente de acueducto y alcantarillado, debido a los errores y omisiones que se acumularon durante varios gobiernos, por una crónica imprevisión?
¿No es ya hora de dejar a un lado el leguleyismo? ¿De aprovechar el verano entrante para que, mediante trabajo colectivo de ingenieros y de técnicos que sepan de eso, se proponga e imponga a los gobiernos locales y nacionales un cambio de rumbo?
O entonces, ¿para qué diablos sirve la tan mentada participación ciudadana?
