Desde hace cinco años, cuando Gustavo Petro asomó la nariz como candidato presidencial, sus enemigos han venido tejiendo el presagio de que, al igual que Castro, Ortega, Maduro y Evo, en caso de asumir el poder, Petro nunca se iría y, luego, que el régimen terminará expropiando a los ricos y los que no son tanto, que estatizará y malgastará los dineros de pensiones y salud para hacer demagogia, y muchas otras especies de esa misma índole.
Este relato es ubicuo en redes, mensajes y conversaciones de amigos y parientes. Lo alimentan a diario desinformadores a sueldo y desinformados espontáneos. Y no faltan los medios que replican con...
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