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Hasta el cierre de esta columna, el presidente electo estaba empeñado en imponer a Alfredo Deluque como presidente del Senado, aun arriesgándose a alienar a la bancada uribista que le será indispensable para gobernar.
Triunfe o no, su determinación nos devela una primera señal de cuánto la agenda radical que De la Espriella sacará el 7 de agosto de su sombrero de mago va a privilegiar a las grandes plataformas tecnológicas estadounidenses. Así lo exige Trump, y lo señala su ídolo Bukele en El Salvador. Este último, luego de un sospechoso intento fallido de imponer la criptomoneda, cerró un opaco acuerdo de 500 millones de dólares para entregarle a Google el sistema público de salud y los datos más privados de los salvadoreños.
El verdadero valor de Deluque para De la Espriella parece ser que es un hombre cercano a las Big Tech. No solo fue “el congresista que más visitas recibió de los representantes de los gremios tecnológicos entre septiembre de 2022 y octubre de 2024”, según detalló una investigación publicada en septiembre pasado por Cuestión Pública y el CLIP, sino que como legislador entre 2021 y 2025 asistió a 16 eventos internacionales vinculados al sector tecnológico, según confirmó él mismo, todos, excepto uno, financiados por los organizadores. La CCIT, gremio en el que están Google, Meta y Amazon, pagó por uno de esos viajes y financió parcialmente otro. Y en un evento público, un gerente de Meta (dueña de Facebook e Instagram) dijo: “Le agradezco al senador Deluque, que nos hace partícipes en la construcción de política pública”. En uno de esos congresos de la industria, el senador guajiro dijo abiertamente que en el Congreso colombiano “tuvimos la sensatez de frenar toda la regulación, eran más o menos 10 proyectos de ley acerca de regular la IA”.
La investigación citada documenta el papel de Deluque –en coincidencia con las tecnológicas– para eliminar un artículo de la nueva Ley de Salud Mental, que prioriza a niños, niñas y adolescentes. Éste convertía a la Comisión Reguladora de Comunicaciones (CRC) como correguladora de los códigos de conducta de las plataformas, y permitía sancionarlas si los incumplían. Deluque argumentó que contribuyó a tumbar el artículo porque le preocupaba la libertad de expresión.
En contraste, la Corte Superior de California dictaminó, en marzo pasado, en un fallo adverso a las dueñas de Instagram y YouTube, que las características deliberadamente adictivas de sus aplicaciones causaban daño mental a los niños; que sus diseños contribuían a generar depresión, ansiedad y dismorfia corporal (o la obsesión de que se tiene un cuerpo defectuoso) en los niños y jóvenes.
En Australia se prohibió el uso de redes sociales por menores de 16 años y una restricción similar anunció el gobierno del Reino Unido. Aun críticos de estas medidas piden regular las plataformas para hacerlas más seguras por diseño. Y la academia que agrupa a 24 facultades de medicina del Reino Unido, publicó en mayo pasado que “pocas cuestiones han logrado unir a los profesionales de la salud de manera tan rotunda en los últimos años como el impacto que la exposición sin límites a la tecnología y los dispositivos está teniendo actualmente en la salud de los niños y los jóvenes”.
Pero claro, Deluque sabe más que la ciencia mundial y por eso prioriza proteger la “libertad” de las tecnológicas, sin que eso tenga nada que ver con todas las invitaciones y ensalzamientos que éstas le hacen. Con la persistencia de apoyar a este senador, y su vicepresidente ya reuniéndose con Google, nuestro bukelito le hace el guiño compinche a las tecnológicas, aun si los niños caen aplastados bajo las ruedas de sus algoritmos.
