En su lanzamiento a la Presidencia, la líder ambiental Francia Márquez invitó a “todo aquel que se encuentre decidido a poner su propia voz en el campo de la política, para devolverle la dignidad a la democracia”. Y pidió colocar la vida en el centro de toda la acción pública.
Podemos hacer de esta campaña electoral un gran escenario para “poner nuestra voz” y debatir salidas alternas a problemas que no hemos sido capaces de resolver como sociedad. Bajémonos de las trincheras de nuestros viejos discursos de izquierda y derecha, de miedos y culpas, por el viejo patriarca que gobernó hace 20 años o contra él. Más bien, que nos sirva para “transformar los conflictos de manera creativa y constructiva”, como propone el Gran Acuerdo por la Convivencia que la Comisión de la Verdad nos invitó a firmar.
No podemos dejar que esta campaña sea otra vez ese ejercicio dilapidador de recursos en el que no se habla de lo que nos aflige, sino de quién va ganando las encuestas. Repetir peleas obsoletas nos dejará a los ciudadanos exhaustos y tan entumecidos de mente que terminaremos con un gobierno tan pobre de espíritu como el actual.
Se los debemos a los 43 muertos y los mil heridos que cayeron en las calles este año clamando por un cambio.
Debatamos, como propone Óscar Iván Zuluaga, cómo vigilamos la financiación de la política y montamos un Consejo Nacional Electoral independiente. La suya puede ser la primera piedra del cambio extremo que necesita el sistema electoral, madre de la corrupción y la ilegitimidad.
Las propuestas de Gustavo Petro de gravar los 4.000 capitales improductivos más ricos y elevar los impuestos a la tierra sirven como insumo para discutir la reforma que aún nos falta para llevar a los ricos a aportar al fisco lo que realmente podrían y superar el peligroso déficit.
El transporte verde que propone Federico Gutiérrez puede ser grano de arena de un camino ambiental audaz, donde privilegiemos el turismo ecológico como fuente de recursos frente a la minería, como lo hizo con carácter Costa Rica. Y la preocupación de Enrique Peñalosa por incentivar la inversión en empresas productivas puede originar un ambicioso plan de crecimiento basado en la creatividad emprendedora y no en componendas con el Estado.
Sergio Fajardo urge dar respuestas a los jóvenes que quieren voltear la página y la agenda con el nuevo milenio, una que les dé trabajos interesantes y dignamente remunerados, que los deje ser más libres, gozar su diversidad, su femineidad y hacerse a un planeta donde puedan respirar. Ese era el grito de las protestas de abril, y hacer real esta agenda requiere mucha conversación.
“La lucha en contra de la acumulación de poder en lo público y en lo privado”, propone Alejandro Gaviria. Masticar esta idea implica encontrar los puntos neurálgicos donde podemos ponerles freno a los abusos de poder que les hacen daño a tantos colombianos.
Cada propuesta requiere preguntas de cómo se haría realidad y exigirá decisiones que incomoden. Por eso aterrizarlas nos traerá claridad de quién nos convence más. Pero centrarnos en el proceso y no en el resultado nos enriquecerá. Si encontramos nuestras voces, como dijo Márquez, para avanzar más rápido en lo que hemos hecho bien y superar nuestros largos y dolorosos fracasos, saldremos más esperanzados de esta campaña y quien emerja presidente tendrá más chance de gobernar mejor.
Como escribió Omar Rincón hace unos meses: “Todo puede ser más simple y bello cuando se deja de ver la política como una guerra y se aborda como un modo ciudadano de mejorar la sociedad”.
Depende de nosotros.