Los colombianos hemos aprendido en los últimos dos años que el sistema de salud colombiano es una máquina enorme y complicada. No se arregla con un solo mecánico y, mucho menos, demonizando a unos engranajes.
Gustavo Petro no parece haber aprendido que no se pueden resolver problemas complejos con la lógica simplista y demoledora de la ideología. Ni siquiera el saldo amargo que dejó su decretazo con las basuras de Bogotá (crisis sanitaria, compactadoras viejas, multas millonarias...) lo aleccionó.
Esta racionalidad guió sus últimas decisiones de Estado en materia de salud. Claro que hay fallas graves en la salud pública: casi no...
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