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Las múltiples representaciones de Abelardo

María Teresa Ronderos

03 de agosto de 2026 - 12:05 a. m.

En cuatro días se posesionará el nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, en la Arena Carlos Andrés Pérez Galindo de Cali, ciudad donde perdió las elecciones. El escenario proyecta un mandato a ultranza, de ruptura institucional, una Presidencia espectáculo, de populismo al rojo vivo, con arengas y luces de colores.

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Con ellos, no pareciera que De la Espriella esté interpretando bien quiénes y por qué lo subieron al Palacio de Nariño. Confunde una campaña exitosa con un gobierno eficaz.

Para empezar, de los casi 13 millones de votos, diría que más de la mitad no lo eligió por sus discursos incendiarios. Lo escogieron como alternativa a Petro y al Pacto Histórico. Al contrario, estaban hartos de los discursos de odio a los ricos, de “revelaciones” de conspiraciones de mafias con tufo israelí y de ataques aquí y allá a los medios que los denunciaban. También se desilusionaron del gobierno del cambio, pues los escándalos de corrupción con los Armanditos, los Torres, las hermanas Guerrero y la UNGRD se asemejaron demasiado a los gobiernos que no pretendieron cambiar nada.

Por eso mismo, si el nuevo presidente no interpreta a esos votantes y sigue por el camino de la retórica grandilocuente de odio a los pobres, viendo conspiraciones de guerrillas con tufo castro-chavista por doquier, y sacando listas negras de periodistas “activistas” cada vez que lo investigan o critican, pronto esos ciudadanos se van a cansar. Si se vuelve espejo de Petro, pero del otro lado, la gente no verá diferencia. Un año de arengas y show serían agotadores.

Otros millones se fueron con él porque vieron crecer los focos del crimen organizado, el reclutamiento forzado, la extorsión, los secuestros. El fantasma de las desaparecidas FARC se hizo carne en grupos criminales oportunistas, augurando que vendrían de nuevo los tiempos terribles. Querían frenar la Paz total. El desafío del nuevo presidente para responderles será una innovación que, por ahora, no asoma. Reprimir, bombardear, fumigar y destripar, eso ya lo ensayó Colombia por años y no sembró tranquilidad alguna. Si ADLE descubre una fórmula de seguridad duradera, la desilusión vendrá pronto.

Unos más escogieron a De la Espriella por la desastrosa gestión en salud del petrismo y la esperanza de recuperar lo perdido. Si el presidente nuevo atiende su clamor, le darán un año, quizás dos, para que ordene y financie bien al sector, y consiga que la fórmula público-privada vuelva a funcionar, sólo que cubriendo puntos flojos en ciudades pequeñas y el campo. Eso se resuelve con experticia, trabajo duro, gestión decidida, no con rifas, juegos y espectáculos, ni con sermones de milagros patrióticos.

Por último, a juzgar por algunos municipios donde le fue excepcionalmente bien, el presidente que empieza esta semana también representa a una minoría de colombianos recios que han hecho fortuna entre la informalidad y la ilegalidad, que no cree en respetar derechos de las personas, ni en la inclusión social, ni en cuidar el medio ambiente, ni en pagar impuestos. Creen en la ley del más fuerte como motor del desarrollo económico, muy en sintonía con muchos otros mandatarios de este continente. Quizás hasta esperan que el nuevo presidente les legalice sus fortunas grises con liberalidad.

Por todo ello, no le quedará fácil a De la Espriella representar bien a tantos clamores encontrados: no evocar a su antecesor con perorata constante, traer tranquilidad duradera, rescatar el sistema de salud y poner las riquezas forjadas a sangre al servicio de un desarrollo de lejano oeste. Y encima tiene los 12,7 millones que le serán adversos.

Esperamos que nos sorprenda, con inteligencia y sensatez, y lo consiga.

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