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Como en el cuento infantil “El Flautista de Hamelín”, el músico que quería vengarse de la ciudad y que con su melodía hizo que todos los niños lo siguieran como hipnotizados rumbo al precipicio, nuestro Abelín de los espectáculos no sólo canta pop lírico y echa sermones religiosos, sino que en su gesta a la Casa de Nariño derrocha dinero como ningún otro. Detrás de la estela de espectáculos, fe y publicidad van cautivados los colombianos derecho a la destrucción de su futuro.
Según el Monitor Ciudadano de Transparencia por Colombia, Abelardo de la Espriella ha gastado casi 26 mil millones de pesos, unos siete millones de dólares en su campaña presidencial. Esto es 2,5 veces lo que lleva gastado Iván Cepeda; 60 % más de lo que ha gastado Paloma Valencia; 14 veces lo que han gastado Sergio Fajardo y Carlos Caicedo; y 300 veces, Claudia López. Para darse una idea, sumados, los candidatos han gastado 55 mil millones de pesos y sólo ADLE ya gastó 26 mil millones, casi la mitad.
¿Y en qué desembolsa a rodos el cautivador flautista? Más de 700 millones de pesos en seguridad, protección, carros blindados. ¿De qué se cuida tanto? ¿Será que por haber hecho gran parte de su fortuna defendiendo a grandes corruptos se han ganado enemigos peligrosos? ¿O por haber sido socio de personas del círculo de paramilitares carga con los pleitos de aquellos?
También reportó 195 millones pagados a la firma encuestadora AtlasIntel, cuyas encuestas lo registraban por encima de lo que daban las demás encuestadoras. Aunque se ha cuestionado la metodología de la firma porque presuntamente no cumple con los requisitos técnicos exigidos por el CNE, ésta consiguió producir el efecto de instalar como favorito al candidato antes de que sacara ni un voto.
Además, pagó De la Espriella casi 2.900 millones de pesos (138 veces el salario mínimo anual de un trabajador colombiano) a la firma Estrategia & Poder SAS, expertos en marketing electoral digital. Según su aviso de Instagram, “la gente no vota por lo que dices, vota por lo que le haces sentir” y que “en política no gana el que más sabe, gana el que mejor comunica”. Ya son comunes estos consultores de marketing político que, como lo hemos investigado en el CLIP, suelen apelar a las emociones de los electores –miedo y odio, sobre todo. Es parte del aroma deslumbrante que reparten las campañas hechas en TikTok e Instagram.
Gracias a su gasto sin fondo, De la Espriella ha podido repetir en cuánto escenario y red social existan que va a acabar con corruptos y criminales. Arrinconada por la delincuencia o las mafias locales, la gente cree promesas casi chistosas como el “bloque de búsqueda contra la corrupción”.
No vi que expliquen los avisos ni los shows si haber sido abogado de delincuentes lo convierte en el hombre más confiable para luchar contra el crimen desde la Presidencia. Todo maleante necesita un abogado, pero serlo no te habilita para ser el líder moral del país.
La gente lo sigue a pesar de saberlo. De la Espriella imita fórmulas y métodos ya probados en otros países, venderse con desfachatez como impoluto, el de afuera, el que viene a barrer la corrupta política tradicional.
¡Qué pena da! Ver a miles detrás de nuestro Abelín y su derroche de millones, cantando y bailando. Si lo empujan a la segunda vuelta este próximo domingo, cuánto más no gastará y predicará sin ponerse colorado para llegar a la Presidencia. No importa cuán trágico sea encumbrar allí a una persona cuya hoja de vida sólo muestra el mérito de haber defendido bandidos.
