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Petro “light”

María Teresa Ronderos

22 de octubre de 2023 - 09:05 p. m.

Un centenar de frases trinó el presidente Petro apenas estalló el último capítulo sangriento de la guerra en la Franja de Gaza.

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A comienzos de octubre, Hamás despertó la ira del tigre y con ataques indiscriminados asesinó a 1.400 civiles. Además, capturó de rehenes a unos 200 civiles y soldados como piezas de negociación. El Gobierno de Netanyahu respondió con saña, con misiles dirigidos a escuelas y viviendas. Dio un ultimátum a la población civil de evacuar o morir, mientras bombardeaba salidas y cerraba el suministro de víveres y medicinas. Sus misiles han destruido 52.000 viviendas y asesinado a 4.000 palestinos, entre ellos 1.413 niños.

Es legítimo que Petro, quien se identifica políticamente con los más débiles, se pronuncie con vehemencia sobre el tema.

Otros presidentes afines lo hicieron. Aunque en Chile viven medio millón de palestinos, Boric condenó, “sin matices, tanto los atentados y secuestros perpetrados por Hamás y, también, la indiscriminada respuesta y los bombardeos que Israel ha realizado afectando principalmente a población civil, desarmada, indefensa, en Gaza”. En Brasil, Lula expresó su solidaridad con las víctimas de Hamás, su rechazo al terrorismo de cualquier índole y anunció que desde el Consejo de Seguridad de la ONU haría lo posible para impedir que la guerra escale.

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Cuando se creyó que Israel había arrojado un misil a un hospital causando centenares de muertos, muchos endurecieron su postura frente al Gobierno israelí. Los gobiernos estadounidense e israelí culparon a Hamás, pero este insiste en que fue Israel.

Una investigación independiente de Bellingcat —reputado colectivo experto en recoger pruebas de fuentes abiertas sobre posibles crímenes de guerra— estableció que hubo una explosión en el parqueadero adyacente al hospital e identificó un cráter. Su tamaño no parece consistente con los que dejan las municiones más grandes que usa Israel, pero este ejército tiene otras armas que pueden dejar cráteres más pequeños. Concluyó que hace falta más evidencia para establecer la responsabilidad de ese ataque.

Aun antes de que se conociera la noticia de este posible crimen de guerra atroz, el presidente Petro mezcló llamados a la paz con comparaciones livianas entre las fuerzas israelíes, los nazis y el apartheid, alegando que él ha estudiado esa historia desde joven y que fue de turista a Auschwitz. Desplegó trivialidad, insensibilidad con los descendientes de quienes sobrevivieron a esos horrores de verdad y también con los civiles que hoy sufren la guerra, ¿y qué logró?

Logró titulares escandalosos de prensa, decenas de comunicados de organizaciones judías críticas, un post favorable de Hamás, el rechazo del Gobierno de Netanyahu más su advertencia de que no vendería más equipos de seguridad a Colombia y dos regaños de altas funcionarias estadounidenses.

Después, Petro y el canciller, contritos, se dieron abrazos con el embajador israelí en Bogotá, prometieron ayuda humanitaria para los gazatíes e invitaron a la paz.

¿Entonces para qué el destemplado despliegue? ¿Para hacerse a codazos en un escenario mundial?

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Lo que digan Colombia, Chile o Brasil —que pesa más en el concierto de naciones— no tiene incidencia en el conflicto de Gaza. No les mejora la vida a los palestinos, ni libera a los rehenes israelíes ni le resta poder a la extrema derecha que manda en Israel. Pero al menos Boric y Lula expresaron una crítica coherente e informada del conflicto y una condena de todos los victimarios, sin traicionar su postura diplomática tradicional en pro de un Estado para los palestinos.

Los liderazgos internacionales empiezan en casa. Para impulsar la paz mundial sin parecer reina de belleza, Petro debería primero conseguir su paz interior, dejar de trinar exabruptos y ponerse a dirigir en serio la paz colombiana.

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