Una encuesta intenta probar el caldo de la opinión en un momento dado, tomando una muestra para saber cómo pinta y qué ingredientes tienen más sabor.
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Para las últimas grandes encuestas realizadas a finales de enero, Yanhass entrevistó a 1.225 personas en 60 municipios y el Centro Nacional de Consultoría (CNC) encuestó a 2.206 en 43 municipios. En un país de 1.103 municipios, donde podrían votar 38 millones de ciudadanos, esto parece una ridiculez, pero las leyes de probabilidad dicen que si la muestra y las preguntas están equilibradas, el sondeo reflejará con cierta precisión lo que opinamos todos.
No importa cuánta propaganda se hagan los gobiernos, una muestra representativa de la ciudadanía en una encuesta revela que algo le duele. En campaña electoral, las encuestas sirven como seguro para que un posible fraude no le robe la elección a un ganador. Pero esta vez las firmas encuestadoras, aun las que tienen experiencia y prestigio, están haciendo las cosas mal.
La de Yanhass tiene preguntas sesgadas como: “¿Su situación económica o la de su familia se ha visto afectada en algún momento por los hechos de violencia del paro nacional?”. La inclinación de la pregunta es obvia y no la balancean con otra como: “¿Alguien de su familia participó en la protesta nacional?” o “¿Conoce usted a alguien que salió herido en las protestas?”. Y siguen los sesgos: si “le ha afectado a usted la presencia masiva de venezolanos” (con esas palabras que resalté, ¿cómo pretenden una respuesta auténtica?); si teme que “Colombia puede terminar como Venezuela”, o si “se requiere presencia militar para controlar el orden público”. Todas apelan a prejuicios con palabras como dados cargados y, por supuesto, los confirman. Tampoco se contrapesan con otras preguntas.
No solo en eso se raja Yanhass. Al igual que el CNC, le pide a la gente que escoja candidato cuando todavía no se sabe con certeza quién lo será, como dijo el analista Rodrigo Pardo en Hora 20 de Caracol Radio. Al poner candidatos y precandidatos a competir, presenta un cuadro apabullante de fragmentación de 18 candidatos, donde solo dos pasan del 10 %, con el voto en blanco y el no sabe/no responde agigantados. ¡Ni siquiera el gerente de Yanhass sabría por quién votará, si su favorito es aún precandidato!
El CNC escoge a 13, uno de los cuales no es ni precandidato. Igual presume que todos estarán en el tarjetón. No preguntó tampoco a los encuestados si están inscritos para votar en las consultas. Eso es como preguntarle a la gente, sin saber si tiene plata, a dónde le gustaría ir de vacaciones, si a Pereira, Francia o a un pueblo vecino.
La contienda en mayo, según se vislumbra hoy, sería entre Petro, obvio candidato del Pacto Histórico; Zuluaga, escogido por el uribismo; Hernández y Betancourt, que se lanzaron por su cuenta, y los que emerjan ganadores de las coaliciones en la consulta de marzo. ¿Por qué no miden a seis, alternando ganador de las coaliciones competidas, lo que sí emularía la tarjeta electoral de mayo?
Nadie vota en abstracto. Votamos a favor o en contra de opciones reales sobre la mesa. Por eso, cuando preguntan por coalición, las tres tienen una favorabilidad por encima del 20 % y revelan una opinión menos fraccionada.
No entiendo entonces a qué juegan las encuestadoras. Encuestas que deberían fortalecer la democracia, por el contrario, están contribuyendo a arraigar prejuicios y presentar un escenario político peligrosamente fragmentado que asusta, y ponen a la gente a escoger opciones irreales o prejuiciadas. Deberían corregir el rumbo y recuperar la altura del prestigio que se han ganado en años de buen trabajo.