Publicidad

Ya quisiera media América tener nuestros presidenciables

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
María Teresa Ronderos
16 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
“Defienden propuestas de país opuestas, si se quiere, pero ninguna extrema: no son anti-vacuna ni terraplanistas;”: María Teresa Ronderos
“Defienden propuestas de país opuestas, si se quiere, pero ninguna extrema: no son anti-vacuna ni terraplanistas;”: María Teresa Ronderos
Foto: Archivo Particular
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Si las cosas siguen como pintan, puede que los colombianos seamos capaces de hacerle el quite al destino político que se han forjado últimamente otros americanos. Tenemos entre los candidatos presidenciales más votados en este proceso electoral a Paloma Valencia y a Iván Cepeda, dos aspirantes legítimos, con carreras visibles, años batallando en el Congreso por sus ideas, acostumbrados a hacer política discutiendo, escuchando, convenciendo. Sin blandir como argumento el uso de la violencia.

Los dos están respaldados por partidos políticos organizados, que eligieron bancadas fuertes en el Congreso: de manera preliminar, el Pacto Histórico con 17 senadores y 39 representantes y el Centro Democrático con 25 senadores y 31 representantes.

En la era de las operaciones digitales inauténticas coordinadas para engañar, ellos defienden propuestas de país opuestas, si se quiere, pero ninguna extrema, ni cocinada entre las facciones conspiranoicas que pululan en redes sociales: no son anti-vacuna; ni terraplanistas; ni alegan fraude cuando pierden; ni niegan que en el país hubo graves violaciones a los derechos humanos; ni están sintonizados con la última moda de populismo autoritario.

Sin duda tienen sus egos bien puestos. No hay de otra, son políticos. Sin embargo, no son mesiánicos. Ninguno se vende como genio de los negocios privados, ni como sabelotodo.

Tienen hojas de vida y no prontuarios, y no tienen a media familia pelechando de su poder.

Los dos escogieron candidatos a la vicepresidencia genuinos. Aida Quilcué, líder indígena Nasa, víctima de la guerra, ha pasado la vida defendiendo a su comunidad, el más honesto ejercicio de la política, hasta llegar al Senado. Juan Daniel Oviedo, doctorado en economía, más bogotano que el pandeyuca, auténticamente gay y confiesa sin temor que la gente lo mira mal por su hablado de gomelo y no dudó en renunciar al DANE porque estaba en desacuerdo con que cambiaran un proyecto que él había liderado.

La gente puede votar por el uno o por el otro e, incluso, si no le gusta la derecha ni la izquierda, todavía le quedan otros dos candidatos de centro y trayectoria ejemplar, como Claudia López o Sergio Fajardo.

Es un lujo en el mundo de hoy tener semejante abanico de opciones. En contraste, en Perú los ciudadanos van a tener que escoger el próximo abril entre un fanático derechista fabricado a punta de campañas falaces y una política salpicada por escándalos de corrupción. Y en varios otros países americanos, gobiernan los ultra, los ególatras, los fanáticos, los dictadores, los payasos que saltaron al poder de la caja de la desesperanza de gente que se intentaba aferrar a algo que la salvara de sus democracias en naufragio por la inseguridad, la inflación, la corrupción, la desigualdad o una combinación de las anteriores.

No podremos declarar que ganó la sensatez sino hasta el 31 de mayo. En los intensos meses de campaña que vienen, se pueden agravar los problemas que detectó la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea en la elección del 8 de marzo. Entre ellos, asesinatos de candidatos, amenazas, obstrucción al votante, compra de votos en comunidades pobres, coacciones de empleados públicos, problemas de conciliación entre votos y votantes al cierre del preconteo, financiación ilícita de campañas por falta de acción del Consejo Nacional Electoral y la desinformación agravada por la inteligencia artificial.

A los colombianos nos toca abrocharnos los cinturones en este viaje electoral turbulento que nos espera. Toca mantenernos firmes en nuestras opciones ponderadas, apelar a una disciplina de hierro para no propagar el miedo y la falsedad, y, por último, afilar el espíritu crítico, aún frente a los buenos candidatos para que nos den lo mejor.

Conoce más

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.