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Buenaventura, incomunicada

Mario Fernando Prado

15 de junio de 2023 - 09:05 p. m.

Los constantes bloqueos de la vía al bello puerto del mar se volvieron una insana costumbre de quienes al parecer no tienen otra alternativa para ser escuchados, aunque también es un mecanismo chantajeador que muchas veces les resulta.

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Para hacer un bloqueo solo se necesita un motivo, algunas pancartas —cuanto más rústicas, mejor—, un megáfono, cuatro pelagatos agitadores, una docena más para que repitan el estribillo del caso, media de guaro, una tapa de un tamal y listo.

En esto de los paros y los bloqueos existen agitadores del más reputado “turmequé”, que incluso ofrecen el servicio de gritones. Tienen la magia de saber azuzar a incautos y el encanto de reunir bajo una misma causa a personas que no tienen ni idea por lo que están protestando.

Como siempre, don dinero es el amo y señor. Hay que pagar este servicio con una tarifa en extremo onerosa, con un jugoso anticipo y el saldo pagadero a satisfacción.

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Ello ocurre con los famosos bloqueos en la vía a nuestro primer puerto sobre el Pacífico, donde los protestantes suelen ser los mismos para una y otra causa. Eso lo saben las autoridades, que nada hacen al respecto y se limitan a una presencia entre ingenua y cómplice, sabedoras de que las cosas se resuelven por arriba y santo remedio.

Las consecuencias de estos bloqueos no se han hecho esperar. Este año los viajes desde y hacia Buenaventura han disminuido en un 10 % comparados con el mismo lapso del año pasado y el turismo ha llevado la peor parte porque ha caído en un 15 % con relación al 2022.

Pero las autoridades no se dan por enteradas, a pesar de que ya conocen el juego a que están sometidas. No hay una estrategia conjunta. Cada quien coge para su lado y nunca se ponen de acuerdo.

Mientras tanto y por culpa de tales acciones, la isla de Cascajal está cada vez más en la olla y hasta los lugareños están buscando a dónde irse…

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