Las elecciones del pasado domingo le dieron al Valle un resultado agridulce. Si bien no se alcanzó la votación esperada por los unos y los otros, tampoco recibimos por parte del Pacto Histórico la tunda que esperaban darnos. La votación subió en algo, pero ese algo no se vio reflejado en estos últimos años en obras para el departamento.
En efecto, la gran cenicienta de Colombia siguió siendo el Valle del Cauca a quien Petro no le dio ni las “tiendas de mecato” de las que hablaba el exministro Humberto González Narváez. Podríamos colegir que en estos cuatro años aquí no pasó nada y solo falta esperar el triunfo del Tigre para que a este departamento se le dé su merecido por parte de quien vamos a elegir como primer mandatario de los colombianos.
Hay no menos de 10 obras haciendo fila con las que ya el Tigre se ha comprometido y no nos vamos a enumerarlas en un rosario de lamentaciones que nos están caracterizando. Lo cierto es que vamos a ganar con Abelardo y las obras no se harán esperar. Aunque, como dijo el ciego, “amanecerá y veremos”.
Por su parte, el Pacto Histórico anda muy nervioso porque la teta que ha tenido chupando desde hace varios años se le va a secar con el nuevo gobierno que ni de vainas va a permitir que prosiga esa vagabundería de los contratos a dedo porque “se les acabó la guachafita” y esto comenzaremos a verlo y disfrutarlo dentro de pocos días.
No más un Valle pedigüeño, pero sí un Valle pujante, como no se veía desde hace ya varios años. Menos mal que hemos contado con una gobernadora pilosa que no se ha dejado mangonear y que está lista a seguir dando la pelea.