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Sirirí

¡Dejen dormir, carajo!

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Mario Fernando Prado
04 de noviembre de 2022 - 05:30 a. m.
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Se acerca el jolgorio navideño y con él la competencia de los equipos de sonido que suenan y resuenan en muchas casas de la cuadra. Si esa música fuera en las tardes o noches, pues vaya y venga. Pero es que se extiende hasta el amanecer y se torna insoportable.

Estos revientatímpanos, con un voltaje aturdidor, han sido adquiridos en su gran mayoría en los días sin IVA junto con los televisores tumbaparedes, porque a veces son instalados sobre enclenques paneles de yeso que no resisten un clavo de dos pulgadas.

Así las cosas, eso que ahora llaman música se toma la tranquilidad de las cuadras y cuanto más suenen esos subwoofers más importante y riquito es el martirizador de tímpanos. Él y sus amigotes resisten, quién sabe ayudados por qué polvo, hasta cuando piden huevos y cacerolas al desayuno, y no pocos son capaces de seguir derecho desafiando a la autoridad, que nada puede hacer pues, ni bien se aleja unas pocas cuadras, vuelve y juega la “charranga” a todo full.

Esta situación es peor en los multifamiliares, donde por más reglamentos que haya se los pasan por la galleta y prefieren pagar las multas respectivas antes que bajarles el volumen a sus plantas, dignas de un estadio, de una iglesia o de una kermés de pueblo.

Todos conocemos de familias enteras que han tenido que migrar por culpa de un vecino insoportable.

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