Algunas personas de mi vecino el departamento del Cauca están molestas con este servidor por sus apocalípticos comentarios de las últimas semanas en torno a lo que está sucediendo y más aún seguirá sucediendo con el fin de asfixiar y ahogar este otrora próspero departamento del sur del país.
Incluso se ha llegado al extremo de considerarme un ave de mal agüero por mis exageraciones que no corresponden a la realidad que allá se vive.
Pero no: la andanada que les azota y que no tiene antecedentes en la historia de Colombia es cada vez más creciente y asesina. Ni para qué repito la cantidad de alteraciones del orden público que han dejado fatales resultados porque seguramente al momento de escribir estas líneas ya se han presentado nuevos atentados y más todavía cuando salga publicada esta columna.
La carretera Panamericana entre el tramo Santander de Quilichao-Popayán, escasos 100 kilómetros, está siendo destruida y ya el contratista, cansado de estas acciones criminales, sacó la maleta y manifestó que abandona la obra, siendo que es el mayor empleador informal de toda esta región.
Entiendo que se han empezado a tomar algunas medidas que de antemano se sabe no serán suficientes para contener el macabro plan de acabar con el Cauca y que no va ser posible contener ni por las buenas ni por las malas esta escalada terrorista.
En estos momentos Popayán vuelve a ser sitiada e incomunicada con una ocupación hotelera por ejemplo de menos del 10 %, lo cual significa una hecatombe económica que conducirá a una crisis nunca antes vista.
Si a esto no se le llama artículo mortis, ¿díganme ustedes cómo podemos referirnos a lo que allá se está viviendo y que su coletazo ya lo está recibiendo nuestro departamento del Valle del Cauca?