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Y no es por la intervención depredadora del hombre, que poco ha contribuido a esta región olvidada de Colombia y solo ha servido para explotarla de manera irracional, criminal y sin compasión alguna, arrasando con su ecosistema.
La fiesta es por otro lado y sus anfitriones no son seres humanos de esos que roban al Estado o el mismo Estado que ordeña sus puertos y recursos naturales para que la frondosa burocracia lacte corrompidamente.
¡No! Los anfitriones son unos enormes mamíferos que anualmente llegan a estos lares con el propósito de procrear, aprovechando las altas temperaturas de sus aguas, que llegan a los 27 °C, desde julio hasta octubre.
Las llamadas jorobadas (Megaptera novaeangliae) están en nuestras aguas apareándose y pronto darán a luz a sus crías (ballenatos). Luego de un viaje de 8.000 kilómetros y provenientes de las gélidas aguas de la Patagonia chilena, estas 2.000 yubartas se dejan ver, saliendo a la superficie del mar por unos instantes y asomándose imponentemente, brindando un espectáculo único sobre la faz de la Tierra. Ignoro por qué lo hacen, si es antes o después de, o por simple vanidad, para decir: “Aquí estamos”.
Ello ha significado que, por estos meses, cientos de turistas de todas las condiciones y pelambres hagan el viaje provenientes de las más remotas latitudes y observen en vivo y en directo la salida de más de medio cuerpo de las ballenas, muy pero muy cerca de ellas.
Claro, estas apariciones han provocado que se creen docenas de organizaciones para llevar a los interesados a apreciar y disfrutar tales avistamientos. Eso ha significado un buen negocio para los nativos que, como dicen, saben “dónde ponen las garzas” y con la sabia conducción de sus embarcaciones llegan hasta pocos metros de donde irrumpen majestuosamente.
Hay allí, pues, una reactivación turística para Bahía Málaga, Gorgona y Chocó que está siendo manejada con profesionalismo y respeto por el medioambiente. Este es un programa diferente y económico al que vale la pena apuntarse.
