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El grotesco espectáculo que estamos viviendo los colombianos en el que dos supuestos aliados están enfrentándose para ganarle el uno al otro nos está llevando a pensar que aquí lo que hay es un juego de poderes en manos de la ambición y la vanidad.
Desde siempre he sido fiel seguidor de Paloma Valencia y la he apoyado denodadamente en sus proyectos legislativos. Y ahora, con la aparición del tigre, he quedado gratamente sorprendido con sus posturas políticas y económicas y he también pensado que sería un excelente candidato para la primera vuelta. Sin embargo, la polarización por el uno o por la otra está llegando a extremos vergonzosos y vergonzantes. ¿Cómo así que los del mismo grupo, seguidores del expresidente Álvaro Uribe, hayan caído en esta trampa de la vanidad?
Antes de la primera vuelta –en la que, seguramente, perderá el candidato de Petro y sus huestes, previamente aceitadas, salgan a incendiar las calles con el argumento que se les robaron las elecciones–, el tigre y la paloma deberían hacer un alto al fuego y superar las diferencias que les están dividiendo y poder ir unidos en estas justas electorales.
De lo contrario, cada quién por su lado a ver quién jode al otro en un espectáculo solo digno de la miserableza humana en la que podría perder nuestra democracia. El tigre no podrá cortarle las alas a la paloma y esta no podrá arrancarle las garras a su contendor. Ese sería otro crimen de Estado que bañará con sangre nuestra bandera.
Desde hace mucho tiempo he acuñado la frase “nos unimos o nos hundimos”, y este es el momento para hacerlo.
