¿Qué mal le habrá hecho el Valle del Cauca al otrora llamado Invías —ahora se le denomina el Sinvías—, habida cuenta de la dejadez, ineptitud e importaculismo con que esta entidad trata a nuestro departamento? Este nido burocrático solo tiene ojos y billetes para la Costa, los Llanos, los paisas y los santandereanos. Los demás somos unos parias pedigüeños y pocas o nulas bolas nos paran.
Un solo caso comprueba que no estamos exagerando y menos mintiendo: la carretera al mar, donde a paso de tortuga se avanza para terminar la doble calzada al puerto de Buenaventura, luego de esperar con paciencia jobiana por décadas enteras que parecen siglos.
Más recientemente se han presentado hundimientos a escasos 15 kilómetros de Cali en esa vía. Allí llevamos años pidiendo, solicitando, implorando, rogando y hasta exigiendo que por favor le pongan atención al hoyo que hay en la carretera, que no demora, ojo, en producir una tragedia de grandes dimensiones, tal como lo han aseverado expertos que prefieren no dar sus nombres por miedo a las represalias.
Respondiendo a este clamor, el Sinvías se ha limitado a echarle asfalto al hueco en un proceder doloso e irresponsable, tras las súplicas que han hecho los entes departamentales, los gremios y los usuarios de la vía, porque no hay interlocución de ninguna clase.
Los funcionarios del Sinvías tienen prohibido hablar, so pena de ser amonestados, ya no contestan las llamadas y menos los múltiples mensajes que se les envían. Hace algunos meses vinieron de carrerón y plantearon posibles soluciones, pero todo quedó en puro bla bla bla. Nos tomaron el pelo, se burlaron de nosotros y engavetaron el tema a la espera de otro round en el que van a repetir la estrategia.
Mientras esto sucede, la vía se hunde y se hunde y se hunde, hasta que un día se caiga en un catastrófico vacío con múltiples muertos y un proceso legal del cual saldrán indemnes y no pasará nada. Desde esta columna hago responsable al Sinvías de una tragedia que cada vez está más cerca.