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TIEMPOS DE REFLEXIÓN, DE ALTOS en el camino, de banderas y de pañuelos blancos y también, tiempos para estar entre amigos.
Y así se llama precisamente un CD de boleros, que es de colección. Circula casi que clandestinamente esta grabación espontánea pero altamente profesional, es decir con todos los juguetes pero sin las insoportables pistas, sintetizadores y computadores que se han “tirado” músicas y canciones tornándolas sonsonetes repetitivos y repulsivos.
Qué maravilla: boleros en vivo y en directo, lo cual tiene el mérito de la improvisación “in-perfecto” y sus autores son voces amigas entre sí. Unos profesionales, otros aficionados pero todas salidas de las entrañas del corazón.
Para empezar Helenita Vargas, la eterna Ronca de Oro, quien luego de su exitoso trasplante de hígado se despacha con dos canciones: Mi huella y Golondrina, seguida por Cariño, Algo contigo, Soy lo prohibido y Dedo de guante en la voz del arquitecto y diseñador Uldarico Minotta.
Vienen después Ojalá que te mueras, Dos cosas, Triste tarde gris y Todo y nada, interpretadas por Fernando Gamboa, arquitecto también y bautizado como Papi Blue por el inolvidable Gerardo Arellano.
Y hay más: Pedacito de cielo, Bajo un cielo de estrellas, Por qué diablos hemos cambiado y Cacho de Buenos Aires, cantadas, o mejor recitadas, por Raúl Fernández de Soto, el editor de la revista Épocas y del libro Cali una nueva mirada, que se agotó antes de salir.
Hasta aquí las voces. Entremos ahora en las cuerdas: el exacto Roberto Gómez y Papi Blue en las guitarras y Hernando Duque en el tiple. ¡Qué acople! El Mono Velasco en la guitarra baja y en su mundo alto y Gerardo Cedeño con el contrabajo malabarista, insuperable, conforman el acompañamiento magistral de los canturreros e incluso hay dos melodías instrumentales: Leonilde y el Tolimense con solos memorables de Hernando Duque.
¿Y quién los reunió? Una persona dedicada al periodismo con una gran prontuario de aventuras musicales que puso la plata y el entusiasmo y cualquier tarde después de una cantata entre amigos les dijo: “Esto hay que grabarlo” y así lo hizo. Se trata de Luis Guillermo Restrepo Satizábal quien a lo último la embarró: prensó diez mil CD y ya se le acabaron.
