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Las autoridades de Cali, la capital de la alegría, andan por estos días con los nervios de punta.
No es para menos: muchos de quienes formaron parte de la macabra y asesina primera línea andan con el embeleco de repetir esta historia que dejó muertos, vandalismo, terror y una destrucción nunca antes vista en esta ciudad.
Se dice y se sostiene que nos cogieron con los calzones abajo y hubo cierta complacencia por parte de las autoridades a quienes el problema se les salió de las manos. Es así como la ciudad quedó fraccionada y dividida en dos y los daños causados no han sido reparados, varios años después.
Esto impulsó a un sector clave de la ciudad a entablar un diálogo constructivo con algunos de los actores materiales del estallido social, quienes hoy lideran emprendimientos y se han convertido en un referente comunitario copiado en otras regiones. En este marco nació Compromiso Valle, una iniciativa donde el empresariado ha aportado su granito de arena de forma ejemplarizante.
Sin embargo, la amenaza persiste, máxime ahora ad portas de las elecciones.
El alcalde Eder y sus asesores han desplegado un gran equipo de inteligencia para detectar la presencia de quienes quieren alterar el orden público, teniendo en cuenta que Cali está en medio de atentados, bombas y permanente zozobra, que ha significado militarizar la ciudad.
La apuesta es a que fracasen estas acciones y bajo ningún punto se vaya a tolerar tales desmanes y tengamos unas elecciones en paz.
