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Con la presencia de más de 100 librerías y editoriales de toda Colombia y otros países, se dio inicio a la octava versión de la Feria Internacional del Libro en la capital de la salsa y el deporte, que es también de la cultura: no en vano, se espera la presencia de medio millón de personas.
Este evento, que comenzó ayer e irá hasta el 22 de octubre próximo, será el escenario para la presentación de medio centenar de libros, ofrecerá 800 actividades con invitados especiales, llegará además a 12 municipios y tendrá, como todos los años, un invitado de honor, que esta vez será la ciudad de Nápoles, aunque también estará presente Italia con una nutrida delegación.
Esta es una feria incluyente cuya asistencia es gratuita y tiene como escenario el Bulevar del Río, un bellísimo espacio público enmarcado por la tradicional iglesia de La Ermita, el puente Ortiz, los gigantescos árboles y esa refrescante brisa de las tardes y los anocheceres caleños que baja de los Farallones.
Todo lo anterior, gracias al apoyo de la Universidad del Valle, la Alcaldía de Santiago de Cali, la Gobernación del Valle, la Fundación Spiwak y más de 50 empresas que han creído en esta apuesta, una de las ferias del libro más importantes de nuestro país.
Con un certamen pacífico, diverso y constructivo, de nuevo Cali muestra su civismo y solidaridad. Esta faceta, aunque no es destacada por la gran prensa —más ocupada en exagerar lo malo, que sucede también en otras ciudades de Colombia—, es motivo de orgullo y ejemplo, sobre lo cual nos sentimos muy honrados.
Resulta curioso que exista esta afición por los libros y la lectura cuando la digitalización y el veneno de las redes sociales parecen conducir a otros menesteres, sobre todo a la juventud. Pero no: al advertir la cantidad de libros vendidos de todos los estilos y colores, se comprueba que esta es otra de las mentiras que nos solemos creer y para la muestra, este botón.
