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Dentro del abanico de precandidatos participantes en la Gran Consulta presidencial del 8 de marzo, tengo dos preferencias: la una es Paloma Valencia, a quien admiro y respeto por sus conocimientos y experiencia, sus muy interesantes propuestas, y que aparece como la mejor ranqueada y con el respaldo del expresidente Uribe, y Juan Carlos Pinzón, quien será la gran sorpresa de estas justas electorales.
Lo afirmo porque lo conozco y puedo dar fe de su formación académica, su trayectoria ministerial, sus relaciones con el difícil mundo de la diplomacia y sus enérgicas posturas frente a lo que estamos padeciendo los colombianos con este desastroso gobierno que pareciera no tener fin.
Y es que Pinzón tiene garras y tiene ganas. Se conoce la problemática de la inseguridad como pocos, y las soluciones que está planteando en sus maratónicos recorridos por los lugares más recónditos e inexpugnables de nuestra geografía. Hasta allá está llegando con sus planteamientos aterrizados sin pizcas del promeserismo tan propio en estos momentos de efervescencia y calor.
Indudable que la mencionada inseguridad es el flagelo mayor que nos aqueja y qué mejor que un verdadero experto para darle jaque mate. Lo demostró en su paso por el Ministerio de Defensa, donde no le alcanzó el tiempo o no se lo dejaron alcanzar.
El otro problema es el de la generación de empleo, para lo cual es imprescindible la inversión extranjera. Esto sobre todo con nuestro mayor socio estratégico: Estados Unidos, donde se pasea como Pedro por su casa a nivel del Congreso, la alta política, y en las empresas privadas que requieren expandirse y buscar nuevos mercados.
Y dejemos hasta ahí las cualidades de este colombiano experto en alianzas, carismático y, como dicen las señoras, encantador, que sabe hacer las cosas bien.
