La gobernadora del Valle, Clara Luz Roldán, ha solicitado de manera vehemente al presidente Petro que militarice su departamento, ante la impotencia de las fuerzas de policía. El problema se les salió de las manos y no han podido acabar ni controlar las situaciones de violencia que son cada vez más recurrentes en esta región del país.
Tan solo en el último fin de semana y en la zona rural de Jamundí, trabajadores del ingenio Incauca fueron atacados por guerrilleros armados, quienes además destruyeron costosísimas maquinarias. Por otro lado, las disidencias de Iván Mordisco, portando brazaletes de las FARC, hicieron un retén en la vía que conduce de Miranda hacia Corinto, sin que se pudiera repeler a los violentos.
Estos dos hechos, sumados a los que diariamente se padecen en otros lugares de la geografía vallecaucana —Dagua, carretera a Buenaventura, norte del Valle, etc.—, con la participación inequívoca de grupos subversivos armados hasta los dientes, han encendido las alarmas. No hay suficiente personal de policía, que hace lo que buenamente puede, pero es absolutamente deficitario frente a la cantidad y al armamento de los insurrectos.
“Tenemos un problema de violencia transnacional”, expresó la gobernadora al referirse a la presencia de militantes extranjeros que no pueden combatirse con cortaúñas y escopetas de fisto. Aquí la pelea es con armas sofisticadas que nuestra policía desconoce.
Al reconocer que es imprescindible la inversión social, Clara Luz recalca que es urgente y necesario “un gran despliegue militar para recuperar el territorio, hacer presencia del Estado, dar golpes contundentes al crimen organizado, frenar la extorsión, el secuestro y el atraco, y devolverle la tranquilidad a la gente”.
Ojalá este clamor sea tenido en cuenta y no siga el Valle del Cauca convirtiéndose en una tierra del olvido, como les viene sucediendo a sus vecinos caucanos.