Continúa la violencia en el norte del Cauca. No hay quien la pare. Los dos trabajadores asesinados al comienzo de esta semana son prueba de que la situación empeora con el correr de los días y que la calma chicha en que estaban duró muy poco.
En esta oportunidad agitadores irrumpieron en una hacienda en las cercanías del municipio de Padilla, quemaron una motocicleta y se enfrentaron con empleados de un ingenio azucarero que defendieron el predio donde estaban laborando.
Tras un cruce de disparos, fueron muertos estos dos empleados del Ingenio del Cauca y dos más resultaron heridos. Estos hechos tienen atemorizados a quienes diariamente prestan sus servicios y están siendo objeto de amenazas por los grupos ilegales que operan en esta zona, como son las disidencias de las Farc o el Eln disfrazados —dicen— de activistas de las comunidades que reclaman la propiedad de la tierra.
Ante esta situación se han pronunciado el Consejo Gremial Nacional y Asocaña reclamando el derecho a la vida, a la libre movilidad, al trabajo y a la libre expresión. Le pidieron al Gobierno que tome cartas en el asunto y haga cumplir la ley, máxime cuando hay un acuerdo o pacto de no agresión, luego de que se presentaran actos de confrontación en los que hubo varios heridos, pero sin consecuencias fatales como lo que acaba de suceder.
Es de anotar que se ha denunciado también la desaparición de otro trabajador del mencionado ingenio cuyo paradero se desconoce.
Los residentes en la zona consideran que deben adelantarse las investigaciones del caso para conocer los autores de estos crímenes y procesarlos de acuerdo con lo que dictan la Constitución y las leyes.
Desafortunadamente, ya lo sabemos, todo va a quedar engavetado y nunca habrá condena alguna porque esa es tierra de “naides”, donde lo único que prospera es el delito.