Hay nerviosismo en el centro del Valle del Cauca. La extradición, curiosamente el mismo día de la cumbre Trump-Petro, del temido narcotraficante Pipe Tuluá, condenado aquí en Colombia a 30 años de cárcel por toda clase de delitos, tiene en alerta roja a las autoridades de este departamento. Y la razón no es otra que la muy posible retaliación de sus huestes de la banda criminal La Inmaculada, la cual amenaza con proseguir con sus ataques terroristas que pusieron en vilo a las autoridades –habida cuenta los asesinatos y destrozos de que fueron víctimas docenas de habitantes de Tuluá, importante municipio del centro vallecaucano–.
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A este delincuente se le atribuyen atentados a dirigentes políticos, guardas del Inpec –que se rehusaban a “colaborar” con el patrón y quienes no pagaban sagradamente las vacunas que les exigían y les siguen exigiendo–.
Así que las autoridades están pilas a la espera de la venganza de quien se va a podrir en la cárcel. Sin embargo y por otra parte, Pipe Tuluá tiene un as bajo la manga: ya empezó a cantar denunciando que le dio harto billete a la campaña de Petro a través de su hermano, y afirma que tiene pruebas y documentos respaldando estas denuncias –hechas a través de Vicky Dávila– y que le podrían significar algún cariñito al momento de su inminente condena.
Como es lógico, los Petro han negado estas acusaciones y se espera que nuestra justicia (que cojea y cojea y nunca llega) haga las investigaciones. Al igual, el Tío Sam que debe tener un prontuario listo porque allá no dan puntada sin dedal.
Así las cosas, la venganza de Pipe Tuluá no va a quedar impune. Que la cobran, la cobran.