Acertó Noemí Sanín al designar como su fórmula vicepresidencial al vallecaucano Luís Ernesto Mejía Castro.
Y no porque le vaya a poner votos –Mejía no es político- sino porque uribizó su campaña que harto lo necesitaba y porque Mejía, un profesional calmado y ecuánime le va a ayudar a bajar ese tono pendenciero que le hace perder a Noemí simpatizantes y votos.
Mejía fue ministro estrella de Uribe, así se haya estrellado contra él un obcecado y obsesivo senador santandereano que se cree el santo-santorum de los hidrocarburos. Con una hoja de vida intachable, el hijo del creador de MAC sabe tanto de derecho – su profesión- como de administración y de economía –en lo que ha trabajado siempre-, lo que reforzará el equipo de la Sanín habida cuenta que su carrera política ha estado más por los lados de la diplomacia y las relaciones internacionales.
Pero hay mas: Le urge a “manzanita” –como le llamaban en la cuadra donde vivió en Medellín en su primera adolescencia- un conservador moderado que impida una desbandada mayor de los godos hacia las toldas de Juan Manuel Santos y que fraccionaría de manera suicida a su partido. Es allí donde Mejía tiene un urgente mandado para hacer con prisa y sin pausa.
Y deberá manejar además otra papa caliente que su espíritu conciliador podría hacer que se superara: La posición de Andrés Felipe Arias tildado por Noemi –creo que sin razón y producto de un acaloramiento electoral- como un ladrón.
La hoy candidata conservadora –recuerden- usó contra Uribe iguales o peores calificativos con quien la acogió después y la premió con las embajadas más codiciadas. Huelga decir que el ofendido jamás le respondió como tampoco lo hizo con Serpa.
Sin embargo, una cosa es Uribe y otra Uribito que no le perdona a quien le ganó la consulta semejante epíteto objeto al parecer de una denuncia penal por infamia y calumnia.
¿Podrá Luís Ernesto Mejía capotear con éxito este vendaval? Dios quiera que así suceda. De lo contrario, la candidata podrá perder votos de su mismo partido y lo peor, miles de migrantes a Santos o incluso a los verdes, nueva amenaza para la dupleta de la U y de los azules.
Lo que vaya a hacer Mejía como vicepresidente es otro cantar. Por lo pronto le tocará más duro que cuando le corresponda acompañar a Noemí en calidad de suplente.