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Al llamado urgente de la gobernadora del Valle suplicando en nombre de todos los bonaverenses una militarización del principal puerto de Colombia sobre el océano Pacífico, ha respondido el Gobierno central con una convocatoria a un consejo de seguridad distrital que está desarrollándose desde ayer y cuyos resultados conoceremos esta noche o mañana, sábado.
Presidido por el mindefensa, el caucano mininterior y otros altos funcionarios, están analizando la situación y escuchando a las fuerzas vivas porteñas y a los ciudadanos de a pie. El fin es dar un diagnóstico —uno más de tantos— y atender las urgencias sociales que están detrás de la violencia que se les salió de las manos a la Alcaldía, la Gobernación y la escasa fuerza pública, sin poder garantizar el orden para la paz y la convivencia.
Por el contrario, como lo he venido comentando desde hace semanas, se está viviendo un infierno. Además de los muertos y los desaparecidos diariamente, las temibles bandas delincuenciales de los Shottas y los Espartanos siembran el pánico en los barrios populares, producen el desplazamiento de docenas de familias y no tienen empacho en patrullar las calles exhibiendo armas de largo alcance y vociferando consignas asesinas.
Sin desconocer el caos social que se padece, creo que primero es lo primero y la necesaria militarización no riñe con atender las ingentes necesidades que aquejan a su población. Lo que sucede es que sin esto último solo se haría una represión mediática y las cosas, como siempre ha sucedido en esos lares, seguirían iguales y hasta peores, prolongando aún más la crisis que podría estallar en cualquier momento.
No soy optimista con los resultados de esta cumbre, calcada de tantas que hemos conocido con muchas cámaras, titulares, declaraciones y promesas, y al final, nada de nada.
Urge comenzar por el principio y retomar la autoridad y la confianza judicializando a los delincuentes y desarrollando un plan de salvamento que ojalá pudiera tener un gerente apolítico que cumpla y haga cumplir un verdadero cambio. Así lo prometió en su campaña el hoy presidente Petro, cuyo triunfo se debe en buena parte a los votos que le dio nuestro litoral Pacífico.
