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Muy pero muy mala noticia la situación actual y lo que se viene con respecto al incremento de cultivos de coca en el litoral Pacífico, capital Buenaventura. Según fuentes internacionales de todo crédito, entre el 2020 y el 2021 pasamos de 50.000 hectáreas cultivadas a casi 90.000, lo que representa un vergonzoso y peligroso aumento del 80 %.
¿Qué pasó con este rotundo fracaso? Que todo se fue en buenas intenciones y falsas promesas, demostrándose una vez más y hasta la saciedad que la erradicación manual no ha servido, no sirve y no servirá, ni por las buenas ni por las malas. Y eso que faltan dos meses para que termine el 2022 y nos cuenten que la cifra se disparó. Según estiman los cálculos más conservadores y generosos, podría llegar a las 140.000 hectáreas, porque este año no es que se haya hecho algo distinto a manicruzarse, con repudiable ineptitud e irresponsabilidad.
Lo anterior explica toda la violencia, las muertes, desmembraciones, casas de pique y ese clima horroroso de tensión y pánico que reina en el bello puerto del mar, que se merece mejor suerte.
Si a esto le sumamos la corrupción de quienes están llamados a hacer respetar la ley y la laxitud de buena parte de sus autoridades, tenemos la tormenta perfecta de muy difícil apaciguamiento, pese a los esfuerzos para evitar más derramamiento de sangre, poniendo de acuerdo con el “no matarás” a las bandas delincuenciales.
