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A riesgo de volverme cansón con el tema, quiero referirme por enésima vez a la burla descarada de la ANI al departamento del Valle del Cauca, por cuanto faltó a su palabra y nos engañó, de la Gobernación, la bancada parlamentaria y el Comité Intergremial para abajo, con la fallida iniciación de la obras de la carretera Mulaló-Loboguerrero.
Como se sabe, esta vía —que significaría un ahorro considerable en tiempo y distancia para llegar al primer puerto de Colombia y generaría más recursos que sus similares para las arcas nacionales— lleva más de 15 años de sortear todo tipo de palos en la rueda y cualquier cantidad de trabas.
Gobierno tras gobierno han “jurado sobre mármol” que harán realidad esta urgencia, que no cuesta ni la décima parte de tantos túneles, carreteras y puentes faraónicos que viven inaugurando para pagar favores políticos y quién sabe qué más cosas.
Todos sin excepción alguna quedan mal, salen con las manidas disculpas de los “fueques” y engavetan el asunto para que el próximo gobierno haga lo mismo. Así nos la hemos pasado año tras año, hasta que por fin se abrió la licitación, se adjudicó y se anunció que este mes, que termina hoy, se colocaría la primera piedra.
Pues no fue así. Después de haber informado con gran despliegue que por fin arrancaría la obra y haber recibido aplausos y hasta editoriales, la ANI volvió a incumplir su palabra y nada dijo. Ni una sílaba. Simplemente se quedó callada en una actitud irrespetuosa y cobarde, porque al menos debió dar la cara.
Pero, como esa entidad no tiene jefes —y si los tiene, igual los engatusan en esa maraña burocrática en que levita—, poco o nada le importa el tema. ¿Qué oscuros intereses rodean este gesto displicente de la ANI? ¿Quiénes están detrás de esta canallesca actitud?
De nuevo le mamaron gallo al Valle del Cauca, que parece anestesiado en lugar de levantarse, protestar y, por qué no, hacer un justificado bloqueo.
