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PEOR QUE EL FURIBISMO ES EL ANtiuribismo. La obcecación, intransigencia y radicalismo de aquellos terminó siendo un cuento de hadas frente a la posición extremista y depredadora de los enemigos del Presidente, léase los opositores a su eventual reelección.
Y es que por culpa de ellos se han acentuado más las críticas a su gestión, que estoy seguro no habrían aflorado de manera tan perversa y a veces absurda si el mandatario más popular de los colombianos en los últimos 50 años —¿o más?— no estuviese postulado para reincidir en su incuestionable investidura.
A Uribe por todo le caen. Ahora es por el transporte de las firmas en donde están buscándole con desespero nexos piramidales. Ah, y éstas además son culpa de Uribe, o por no haberlas puesto en cintura o por haberlas dejado prosperar.
Igual sucedió con los militares y los tristemente célebres casos de los falsos positivos. Antes de sacarlos, que por qué permitió semejantes situaciones en el seno de las Fuerzas Armadas y después de darles la baja, que tan injusto, malagradecido y miserable.
Todo cuanto el Presidente hace es malo, reprobable, impopular y producto de su ira e intenso dolor. Cuando vino al Valle a dialogar con los corteros, malo. Y cuando no había venido, también malo.
Si no atendía a los indígenas, que qué actitud tan soberbia. Y cuando los atendió —incluso cuando fue a donde ellos quisieron y les dio la cara—, que qué arrogancia y sobradez.
Volviendo sobre las pirámides: los decretos expedidos como que van a ser inconstitucionales. Pero si no los expedía, estaba siendo permisivo y hasta cómplice.
Y ni hablar del “Robinjud” Murcia: Si lo dejaba seguir en su vedada pirámide, malo. Y si lo judicializaba, peor aún.
En fin, palo porque bogas y palo porque no bogas. Una inmensa minoría anda buscándole el quiebre al Presidente, husmeándole hasta sus entradas al baño a ver que le pillan, mientras que una mínima (!) mayoría sigue apoyándolo. ¿O no?
