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La abrumadora votación que obtuvo el hoy presidente electo no solo en la costa Pacífica sino también en el suroccidente colombiano es un fenómeno sin antecedentes en nuestra historia política. Así no haya gustado ese candidato a una minoría de la población, ganó en franca lid y va a gobernar a su manera, de acuerdo con lo que ofreció y prometió.
Y en el Valle del Cauca, ni se diga: también arrasó estruendosamente y están encendidas las alertas, sobre todo en el sector azucarero, que podría resultar el más golpeado, a pesar de que la responsabilidad social empresarial de este conglomerado atiende permanentemente a sus cientos de miles de empleados, que gozan de una calidad de vida de la cual no disfrutarían si estuvieran en otra actividad.
Aunque tranquiliza, hasta cierto punto, la llegada de un ministro de Hacienda de estos lares que conoce de sobra esta agroindustria y va a ser consecuente con su pensamiento de respeto al sector privado, deberá negociarse una mayor participación de los azucareros en las urgencias de toda una sociedad que reclama empleo, salud, educación y vivienda, bajo la elemental y sencilla fórmula de que quienes tienen más deben tributar más, para que quienes menos tienen o no tienen nada puedan tener más.
Hacer entonces una oposición reflexiva debe ser la fórmula para impedir que sigamos polarizados y que la aplanadora estatal cumpla con sus objetivos a las buenas o a las malas. Duro es reconocerlo, pero es así.
No se trata de que si no puedes con tu enemigo, alíate con él. Pero sí hay que ponerse de acuerdo en lo fundamental y no por el bien de un gobierno sino por el bien del país, así se le llame acomode.
Con los primeros pasos de esta administración que ya casi empieza a gobernar no se avizoran hecatombes irresponsables. Algunos de los nuevos ministros son dados al diálogo y a la concertación, sin olvidar que se trata de un gobierno de izquierda, fiel a sus postulados.
Por falta de espacio, dejemos para una próxima columna el tema de la tenencia de la tierra, que también tiene con los pelos de punta a muchos coterráneos que temen ser despojados de sus predios.
