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Insisto. Así me vuelva cansón, lo enfatizo: esto por las malas no se arregla, aunque algunos sectores crean que lo que ha faltado es mano dura. Comprendo lo que nos produce a todos el bloqueo de las vías. Que nos encierren, que terminemos en una anarquía vandálica que no respeta a nadie y que las calles se vuelvan escenarios de guerra, como nunca antes había sucedido desde el fatal Bogotazo hace ya más de 70 años, distinto a lo que hoy estamos padeciendo porque no abarcó, como ahora, todo el territorio nacional.
Por eso estimo que se debe buscar una solución negociada con un incómodo “todos ponen” y llegar a un acuerdo concertado para que retorne la normalidad, porque esta situación está costando más billones que las exigencias de quienes tienen en jaque a las instituciones y la gobernabilidad.
De acuerdo: que se judicialice a los responsables de esta barbarie y se castigue a todos los que hayan cometido excesos, pero es urgente parar esta debacle antes de que sea demasiado tarde.
Sé que es bien difícil, habida cuenta de la polarización que existe y crece día a día, pese a los esfuerzos del Gobierno que está por fin dando la cara por el bien de la patria.
No podemos seguir pisando las cascaritas que nos están tendiendo otras fuerzas —muy distintas a las que están protestando justamente—, que se han infiltrado maquiavélicamente para generar de manera premeditada la violencia que nos azota día tras día y tiene paralizado el país.
El gobierno del presidente Duque tiene en sus manos ponerle fin a este paro, que pronto llegará a las cuatro semanas. De seguir así, reventará la economía y todos por igual saldremos perdiendo.
