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Me llama un viejo amigo para que, habida cuenta mi cercanía con Popayán, le recomiende si es seguro ir en la próxima Semana Santa a la ciudad blanca. Le transmití mi optimismo y, con algo de dijéramos que irresponsabilidad, le expresé que hasta donde yo sabía la carretera iba a estar “despejada”. Sin embargo, acto seguido, me comuniqué con varias personas cercanas a la capital caucana, quienes no pudieron ocultar las dudas que tienen de que esto no se quede solo en buenas intenciones.
Por una parte, el ejército y la policía tienen confianza y la más estricta vigilancia que van a tener estos mal contados 116 kilómetros que hay de Jamundí hasta Popayán porque van a desplegar un operativo nunca antes visto para controlar las mal llamadas pescas milagrosas que, como se saben, se han dado casos de hasta seis tomas en solo día: pistean vehículos de alta gama, perpetran un retén ilegal y se llevan a sus ocupantes a unas lomas cercanas donde le sacan todo el dinero posible.
Pero, por otro lado, a la ciudad blanca la están poniendo más blanca de lo que es pintando muros y fachadas, arreglando calles, parques y sitios históricos a la espera de un turismo que no deja de concurrir.
A su turno, hoteles y hostales tienen listas ofertas con descuentos promocionales para grupos y familias, y la buena mesa, siempre presente, alistan exquisitos menús en donde no faltan los envueltos, la carantanta, los tamales y empanadas de pipián y las centenarias colaciones.
Pueda ser que nada malo suceda y no se presenten acciones delictivas que ocasionarían millonarias pérdidas además a los cientos de artesanos que harán sus exhibiciones y que esperan con ilusión y esperanza esta solemne semana mayor.
La tradición semana santera de Popayán es uno de los patrimonios culturales que destaca la UNESCO cuando se refiere a los días santos y, pese a que desde el gobierno central y la narcoguerrilla tienen unos planes maléficos, con el favor de Dios, nada sucederá.
Entonces, la pregunta es: ¿ir o no ir a Popayán esta Semana Santa?
