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¿Relajados o desmotivados?

Mario Fernando Prado

12 de abril de 2024 - 04:05 a. m.

Las recientes declaraciones del ministro de Defensa en torno a que algunos de los miembros de nuestro Ejército están relajados y es preciso —según él— que se pongan las pilas para que sus resultados sean mejores en la lucha contra el terrorismo y la subversión levantaron ampolla no solo en las altas esferas castrenses, sino también en las tropas y el personal que trabaja en estos menesteres.

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Esas palabras no cayeron bien y fueron rechazadas de manera enfática y contundente porque, según nuestro Ejército, ellos no han bajado la guardia y siguen arriesgando sus vidas para proteger las de sus compatriotas.

Es más: tildarlos de relajados significa para muchos andar de locha, cero estrés y no dejar que nada los perturbe, sin mayor compromiso con su deber y su vocación, apostándole al menor esfuerzo.

Me imagino que quien profirió esta acusación debe tener las pruebas suficientes para afirmarlo y sustentarlo, porque se trata de algo muy grave que lesiona la moral de este puñado de hombres y mujeres que tienen la responsabilidad de hacer defender la institucionalidad, las leyes y la Constitución de nuestro atribulado país.

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A decir verdad, algo sucede en las filas militares, desde los soldados rasos hasta quienes los regentan, como fruto del temor que experimentan por atreverse a hacer cumplir las misiones que se les encomiendan y que pueden bordear los límites del Código Penal, terminando envainados, acusados, juzgados y condenados.

Así las cosas, lo que hay es una desmotivación tal, que se prefiere “dejar hacer y dejar pasar” para no ser objeto de un empapelamiento, el fin de sus carreras militares y hasta años de cárcel, si no consiguen un buen abogado que les salve el pellejo.

Desmotivados sí, lo que a la larga podría producir un relajamiento que, a Dios gracias, aún no existe, pero podría existir.

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